¿Cómo criar hijos que no se alejen de la iglesia según La Biblia?

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¿Cómo criar hijos que no se alejen de la iglesia según La Biblia

¿Cómo Criar Hijos Comprometidos con su Fe y su Iglesia?

En la actualidad, cada vez más jóvenes se identifican como “ateos” o “no pertenecientes” a ninguna religión. Para aquellos que buscan criar hijos que sigan el camino de la verdad, el panorama puede parecer desalentador.

De acuerdo con el Grupo Barna., un 70% de los niños criados en hogares cristianos se alejarán de la iglesia después de la secundaria. Muchos de nuestros hijos terminan siendo como la tercera semilla en Mateo 13, que cayó entre espinos que crecieron y ahogaron las plantas tiernas.

Entonces, ¿qué puede hacer un padre que ama al Señor?

Aunque no existe una receta mágica que garantice que nuestros hijos conserven la fe, sí hay ciertos entornos que favorecen la crianza de hijos santos.

Y aunque reconocemos que Dios es soberano sobre los resultados, un entorno adecuado es importante para el desenlace.

A continuación, deseo dejarte 6 maneras de criar hijos que no se alejen de la iglesia:

1) Brindando a nuestros hijos razones para creer más allá de sí mismos

Vivimos en un mundo donde la fe de nuestros hijos se encuentra constantemente bajo ataque. En el momento en que ingresan a la universidad, se enfrentan a una avalancha de desafíos a sus creencias, y muchos no están preparados para enfrentar estas pruebas. Como padres y líderes espirituales, es nuestra responsabilidad enseñarles a amar al Señor con todo su corazón y también con toda su mente (Mateo 22:37). A continuación, exploraremos cómo podemos brindarles razones para creer más allá de sí mismos, proporcionándoles recursos de apologética y respuestas sólidas sobre por qué el cristianismo es lógico y razonable.

Enseñar la importancia de la apologética

La apologética es la defensa razonada de la fe cristiana frente a objeciones y críticas. En 1 Pedro 3:15, leemos: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Esto nos muestra que es vital que enseñemos a nuestros hijos a defender su fe de manera efectiva y con amor.

Fomentar el amor por la verdad

La Biblia nos enseña que la verdad es fundamental para nuestra fe. Jesús dijo en Juan 14:6, “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Debemos enseñar a nuestros hijos a valorar la verdad y a buscarla con diligencia en la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:15).

Proporcionar recursos de apologética

Hoy en día, hay una gran cantidad de recursos disponibles para ayudar a nuestros hijos a aprender sobre la defensa de su fe. Libros, videos, y cursos en línea pueden ser herramientas valiosas en este proceso. También podemos estudiar juntos estos recursos y dialogar sobre los temas que presentan.

Abordar las preguntas difíciles

Es natural que nuestros hijos tengan preguntas sobre su fe, y debemos estar dispuestos a abordar estas preguntas de manera abierta y honesta. En lugar de evitar las preguntas difíciles, podemos utilizarlas como oportunidades para profundizar en la verdad de la Palabra de Dios y crecer en nuestra fe. Filipenses 1:7 dice: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

Ilustraciones y ejemplos prácticos

Podemos utilizar ilustraciones y ejemplos prácticos para ayudar a nuestros hijos a comprender la lógica y la razón detrás del cristianismo. Por ejemplo, podemos hablar sobre cómo la complejidad y el orden del universo apuntan a un Creador inteligente (Romanos 1:20) o cómo la resurrección de Jesús está respaldada por evidencia histórica confiable (1 Corintios 15:3-8).

Desarrollar habilidades de pensamiento crítico

Animar a nuestros hijos a desarrollar habilidades de pensamiento crítico les permitirá evaluar de manera efectiva las afirmaciones y argumentos que enfrentarán en la vida. Podemos enseñarles a discernir la verdad de la falsedad y a considerar las evidencias antes de tomar decisiones. Proverbios 14:15 nos recuerda: “El simple todo lo cree; más el avisado mira bien sus pasos”.

Fomentar la comunidad y la mentoría

Además de proporcionar recursos y enseñanzas, debemos fomentar la comunidad y la consejería en la vida de nuestros hijos. Animarlos a unirse a grupos de jóvenes y a relacionarse con otros creyentes puede proporcionarles el apoyo emocional y espiritual que necesitan mientras enfrentan desafíos a su fe. Hebreos 10:24-25 nos insta a “considerarnos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

Aliento en la oración y la comunión con Dios

Una relación personal con Dios es fundamental para el crecimiento y la madurez espiritual. Debemos alentar a nuestros hijos a orar y a buscar a Dios en sus vidas diarias, cultivando una relación sólida con su Creador. Santiago 4:8 nos dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”.

2) Incluir a Nuestros Hijos En Los Servicios Y Cultos

Incluir a nuestros niños y jóvenes en los servicios de la iglesia es fundamental para su crecimiento espiritual y desarrollo de una relación duradera con Dios. Es vital que les brindemos oportunidades para experimentar el amor y la gracia de Dios en un entorno comunitario, y para aprender a orar, cantar alabanzas y preocuparse por los demás.

La importancia de la unidad familiar en la adoración

La unidad familiar en la adoración es un principio bíblico que se encuentra en Deuteronomio 6:4-9, donde Dios instruye a las familias a amar al Señor con todo su corazón, alma y fuerza, y a enseñar estos mandamientos a sus hijos. Involucrar a nuestros niños en los servicios de la iglesia fortalece la unidad familiar y les enseña a valorar la importancia de la adoración y la comunión con Dios y con la comunidad de creyentes.

Desarrollo de dones espirituales y sociales

Cuando los niños participan en los servicios, aprenden habilidades espirituales y sociales importantes. Aprenden a orar, a escuchar la Palabra de Dios, a cantar alabanzas y a interactuar con creyentes de todas las edades. Además, se les enseña a practicar la empatía y el cuidado por los demás, como se muestra en Romanos 12:10, que nos instruye a “amar con amor fraternal, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”.

Sentido de pertenencia y conexión con la comunidad

Involucrar a los niños en los servicios les brinda un sentido de pertenencia y conexión con la comunidad de creyentes. Al ver a sus padres, abuelos y otros miembros de la iglesia adorar juntos, los niños aprenden a apreciar la importancia de la comunidad y a sentirse parte de un grupo más amplio que comparte sus creencias y valores. Efesios 2:19-22 nos recuerda que somos “ciudadanos con los santos, y miembros de la familia de Dios”.

Modelando la fe y el compromiso

Cuando los niños observan a sus padres y otros adultos participar activamente en los cultos, se les proporciona un modelo de fe y compromiso para imitar. Hebreos 13:7 nos insta a “considerar la conducta de aquellos que nos han enseñado la Palabra de Dios, e imitar su fe”. Al incluir a los niños en los servicios, les brindamos oportunidades para aprender y desarrollar una fe sólida a través del ejemplo de los creyentes maduros.

Experiencias intergeneracionales enriquecedoras

Involucrar a los niños en los servicios también fomenta experiencias intergeneracionales enriquecedoras. La diversidad de edades y experiencias en una congregación permite compartir sabiduría y conocimientos entre generaciones. Proverbios 27:17 nos dice: “Hierro con hierro se afila, y el hombre con el rostro de su amigo”.

Es crucial incluir a nuestros niños en los servicios y cultos, ya que les permite conectarse con la comunidad, aprender a orar, cantar alabanzas y preocuparse por los demás. Al hacer esto, fortalecemos la unidad familiar, desarrollamos habilidades espirituales y sociales en nuestros hijos, y les brindamos un sentido de pertenencia y conexión con la comunidad de creyentes. Además, al incluirlos en los servicios, les proporcionamos modelos a seguir en la fe y fomentamos experiencias intergeneracionales enriquecedoras. Siguiendo estos principios, estaremos contribuyendo al crecimiento espiritual de nuestros hijos y asegurándonos de que estén bien preparados para enfrentar los desafíos de la vida con una fe sólida y un amor profundo por Dios y su comunidad.

3) Limite las influencias mundanas

La Biblia nos enseña que como seguidores de Cristo, debemos ser “transformados por la renovación de nuestras mentes” (Romanos 12:2) y no dejarnos arrastrar por las influencias negativas del mundo. Como padres, es importante que enseñemos a nuestros hijos a discernir las influencias negativas en la cultura popular y a crear una contracultura en sus hogares que respete a Dios y se centre en Su Palabra.

En primer lugar, debemos enseñar a nuestros hijos a discernir lo que es bueno y lo que no lo es. Filipenses 4:8 nos dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, si hay alguna virtud o algo digno de elogio, en esto pensad”. Es fundamental que nuestros hijos aprendan a analizar críticamente los mensajes y valores transmitidos por la cultura popular y a discernir si estos están alineados con los valores y enseñanzas cristianas.

Una ilustración útil para este tema es la de un árbol. Un árbol sano y fuerte tiene raíces profundas que le proporcionan los nutrientes necesarios para crecer. Del mismo modo, debemos enseñar a nuestros hijos a echar raíces profundas en la Palabra de Dios y en la comunión con Él, lo que les permitirá crecer en su fe y resistir las influencias negativas del mundo.

Para crear una contracultura en nuestros hogares, es fundamental establecer límites y mantener un ambiente espiritualmente saludable. Esto puede incluir limitar el tiempo dedicado a ver televisión, jugar videojuegos o navegar por las redes sociales. También es importante fomentar actividades que fortalezcan la fe y la relación con Dios, como leer la Biblia en familia, orar juntos, cantar alabanzas y participar en actividades eclesiásticas.

En el Antiguo Testamento, encontramos el ejemplo de Daniel y sus amigos, que se mantuvieron firmes en su fe en medio de una cultura pagana (Daniel 1). A pesar de las presiones del mundo que los rodeaba, ellos se negaron a comprometer su fe y se mantuvieron leales a Dios. Este ejemplo puede servir de inspiración y aliento para nuestros hijos, recordándoles que es posible vivir una vida que honre a Dios, incluso en medio de una sociedad que a menudo no comparte nuestros valores.

Es esencial que, como padres y líderes espirituales, enseñemos a nuestros hijos a discernir las influencias mundanas y a crear una contracultura en sus hogares basada en el amor y el respeto a Dios y Su Palabra. Al hacerlo, estaremos preparándolos para enfrentar los desafíos de la vida con sabiduría, fortaleza y una fe sólida en el Señor.

4) Proporcione Una Educación Cristiana

La educación de nuestros hijos es fundamental para su desarrollo y formación de valores. Vivimos en una sociedad donde la secularización y el relativismo moral han ganado terreno, y como padres y educadores cristianos, es importante asegurarnos de que la educación de nuestros hijos esté en sintonía con una cosmovisión bíblica.

Primero, es fundamental que inculquemos en nuestros hijos el conocimiento y entendimiento de la Palabra de Dios. Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él”. La educación bíblica debe ser el fundamento de su formación, proporcionándoles una base sólida en la fe cristiana. Esto incluye enseñarles a leer y estudiar la Biblia, memorizar versículos y aprender sobre las enseñanzas de Jesús y los apóstoles.

Además, debemos asegurarnos de que la educación académica de nuestros hijos esté en armonía con los valores y principios bíblicos. Esto puede lograrse a través de la educación en el hogar, la enseñanza en escuelas cristianas o el apoyo a programas de educación cristiana en las escuelas públicas. Es esencial que nuestros hijos aprendan a integrar su fe en todas las áreas de su vida, incluidos sus estudios y futuras profesiones.

Una ilustración útil en este tema es la de un edificio. Si queremos construir un edificio sólido y estable, debemos comenzar por poner una base firme. Del mismo modo, la educación cristiana es la base sobre la cual se construye la vida espiritual y moral de nuestros hijos, proporcionándoles una cosmovisión bíblica que les permitirá enfrentar los desafíos de la vida con sabiduría y discernimiento.

En el Nuevo Testamento, encontramos el ejemplo del apóstol Pablo, quien era un erudito bien educado y conocedor de las Escrituras (Hechos 22:3). A lo largo de su ministerio, Pablo utilizó su educación para defender y enseñar el evangelio, demostrando la importancia de una educación sólida y fundamentada en la verdad de Dios.

Para proporcionar una educación cristiana efectiva, es importante que los padres y educadores trabajen juntos, apoyándose mutuamente y compartiendo recursos y conocimientos. También es fundamental fomentar el amor por el aprendizaje en nuestros hijos, enseñándoles a ser inquisitivos, reflexivos y apasionados por la verdad.

En conclusión, proporcionar una educación cristiana es fundamental para contrarrestar la creciente secularización de la sociedad y preparar a nuestros hijos para vivir una vida que honre a Dios. Al asegurarnos de que la educación de nuestros hijos esté en sintonía con una cosmovisión bíblica, les proporcionaremos una base sólida en la fe y les enseñaremos a enfrentar los desafíos de la vida con sabiduría y discernimiento.

5) Enseñe a sus hijos a confiar solo en Jesús

La fe es la base de la vida cristiana, y enseñar a nuestros hijos a confiar únicamente en Jesús es fundamental para su crecimiento espiritual y relación con Dios. En un mundo lleno de distracciones y tentaciones, es vital que nuestros hijos aprendan a poner su esperanza en Cristo y a enfrentar las dificultades de la vida con fe y perseverancia.

Primero, debemos enseñar a nuestros hijos sobre la naturaleza y el carácter de Jesús. La Biblia nos muestra a Jesús como el Hijo de Dios, el Salvador del mundo y el único mediador entre Dios y los hombres (Juan 3:16; 1 Timoteo 2:5). Es esencial que los niños comprendan que Jesús es el único en quien pueden depositar su confianza y esperanza para la salvación y la vida eterna.

Un versículo clave en este tema es Proverbios 3:5-6: “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.” Debemos enseñar a nuestros hijos a depender de Jesús en todo momento, a buscar su sabiduría y dirección, y a confiar en su amor y cuidado providencial.

Para ilustrar la importancia de confiar en Jesús, podemos utilizar el ejemplo de Pedro caminando sobre el agua. En Mateo 14:22-33, Jesús invitó a Pedro a caminar sobre el agua hacia Él. Mientras Pedro mantuvo sus ojos en Jesús, pudo caminar en el agua, pero cuando dejó que el miedo y las circunstancias lo abrumaran, comenzó a hundirse. Este pasaje nos enseña la importancia de mantener nuestra atención y confianza en Jesús, incluso en medio de las tormentas de la vida.

Además, debemos enseñar a nuestros hijos a enfrentar las dificultades de la vida con fe y perseverancia. Santiago 1:2-4 dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Enseñar a nuestros hijos a confiar en Jesús durante las pruebas les ayudará a desarrollar una fe firme y un carácter maduro.

Finalmente, es importante que los padres sean modelos de confianza en Jesús. Nuestros hijos aprenderán a confiar en Jesús a medida que nos vean a nosotros confiando en Él en nuestras propias vidas. Cuando enfrentemos dificultades, debemos mostrarles cómo buscamos la guía de Dios, oramos por su ayuda y nos apoyamos en su gracia y fuerza.

Enseñar a nuestros hijos a confiar solo en Jesús es fundamental para su desarrollo espiritual y relación con Dios. Al inculcar en ellos la importancia de poner su esperanza en Cristo y enfrentar las dificultades de la vida con fe y perseverancia, les ayudaremos a construir una base sólida en la fe que los sostendrá a lo largo de su vida.

6) Modele una fe auténtica

La vida cristiana es mucho más que simplemente enseñar las doctrinas de la Biblia a nuestros hijos; es vivir de acuerdo con esas enseñanzas en nuestra vida diaria y modelar una fe genuina y auténtica. Al evitar la hipocresía y priorizar nuestra relación con el Señor, mostramos a nuestros hijos que Cristo es el centro de nuestra familia y les damos un ejemplo a seguir.

Uno de los versículos clave en este tema es Santiago 1:22, que dice: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. Nuestra fe debe estar respaldada por nuestras acciones, y debemos esforzarnos por vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia. De esta manera, nuestros hijos pueden ver cómo las verdades bíblicas se aplican a la vida cotidiana y se sienten más inclinados a seguir nuestro ejemplo.

Una forma efectiva de modelar una fe auténtica es a través de la práctica de la oración y el estudio de la Biblia en familia. Al dedicar tiempo regularmente a la oración y la lectura de las Escrituras juntos, les mostramos a nuestros hijos que valoramos nuestra relación con Dios y que estamos comprometidos en crecer espiritualmente. En Mateo 6:33, Jesús nos enseña a buscar primero el reino de Dios y su justicia, y al hacerlo, demostramos a nuestros hijos que nuestra fe es genuina y que Cristo es la prioridad en nuestras vidas.

Además, es importante modelar el amor y el perdón en nuestras interacciones familiares. Colosenses 3:12-14 nos anima a vestirnos “de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” y a perdonarnos unos a otros como Cristo nos perdonó. Al tratar a los miembros de nuestra familia con amor y gracia, reflejamos el amor de Dios y enseñamos a nuestros hijos a amar y perdonar a los demás.

Una ilustración que puede ayudar a comprender la importancia de modelar una fe auténtica es la de una linterna. Si solo le contamos a nuestros hijos cómo funciona una linterna, pero nunca les mostramos cómo encenderla y cómo ilumina nuestro camino en la oscuridad, no podrán experimentar su verdadero propósito. Del mismo modo, si solo enseñamos las verdades bíblicas, pero no vivimos de acuerdo con ellas, nuestros hijos no podrán ver el poder transformador de la fe en Cristo.

Finalmente, es esencial ser transparentes y humildes con nuestros hijos, reconociendo nuestras propias luchas y errores. Al admitir nuestras debilidades y buscar el perdón y la restauración, les mostramos a nuestros hijos que todos somos pecadores en necesidad de la gracia de Dios y que nuestra fe en Cristo no se basa en nuestra perfección, sino en su amor y misericordia.

Modelar una fe auténtica para nuestros hijos es fundamental en su educación cristiana. Al vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia, evitando la hipocresía y priorizando nuestra relación con el Señor, les mostramos a nuestros hijos que el cristianismo es una fe viva y transformadora, y no simplemente un conjunto de reglas y doctrinas. Les enseñamos a amar a Dios y a los demás, y a buscar su voluntad en todas las áreas de sus vidas.

Para terminar, modelar una fe auténtica también incluye servir a otros y ser parte activa en nuestra iglesia y comunidad. En Mateo 25:40, Jesús nos recuerda que cuando servimos a los necesitados, estamos sirviendo a Cristo mismo: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Al involucrarnos en el servicio y el ministerio, les mostramos a nuestros hijos la importancia de vivir nuestras vidas para el beneficio de los demás y para la gloria de Dios.

Otra forma de modelar una fe auténtica es a través de la generosidad y la buena administración de nuestros recursos. En 2 Corintios 9:6-7, Pablo nos enseña a dar generosamente y con un corazón alegre, porque “Dios ama al dador alegre”. Al enseñar a nuestros hijos a ser buenos administradores de sus recursos y a dar generosamente a la obra de Dios, les mostramos que nuestra fe se manifiesta en nuestras acciones y decisiones diarias.

Una ilustración adicional que enfatiza la importancia de modelar una fe auténtica es la de un árbol. Un árbol fuerte y saludable tiene raíces profundas y firmes en el suelo, y estas raíces permiten que el árbol crezca y produzca buenos frutos. Del mismo modo, nuestra fe en Cristo debe estar arraigada en nuestra vida cotidiana, y al vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia, producimos frutos que honran a Dios y bendicen a los demás.

Al modelar una fe auténtica y vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia, somos un ejemplo para nuestros hijos y les mostramos que el cristianismo es una fe viva y transformadora. Al evitar la hipocresía y priorizar nuestra relación con el Señor, les enseñamos a amar a Dios, a los demás y a buscar su voluntad en todas las áreas de sus vidas.

En conclusión, criar hijos que no se alejen de la iglesia es un desafío en el mundo actual, pero con la ayuda de Dios y siguiendo estos seis principios fundamentales, podemos crear un entorno propicio para el crecimiento espiritual de nuestros hijos. Al brindarles razones sólidas para creer, incluirlos en los servicios religiosos, limitar las influencias mundanas, proporcionar una educación cristiana, enseñarles a confiar solo en Jesús y modelar una fe auténtica, estaremos sembrando semillas de fe y amor en sus corazones. Aunque no podemos controlar todas las decisiones que nuestros hijos tomarán en el futuro, al mantener un enfoque centrado en Cristo y en Su Palabra, estaremos dando lo mejor de nosotros para guiarlos hacia una vida de compromiso y servicio al Señor. Y recordemos siempre que la obra de Dios en sus vidas no termina con nuestra labor como padres; Él sigue trabajando en sus corazones y vidas mucho después de que hayamos hecho nuestra parte.

Que el Señor nos dé la sabiduría y la gracia para guiar a nuestros hijos en el camino de la verdad y la fe sólida, para que estén preparados para enfrentar los desafíos de la vida y glorificar a Dios en todo lo que hagan. Proverbios 22:6 nos recuerda: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.