Estudio Bíblico | Explicación de Marcos 11:1 | Comentario Bíblico Online

Aquí tenemos el relato de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Llegó a la ciudad en esta forma: 1. Para mostrar que no tenía miedo al poder y a la maldad de Sus enemigos en Jerusalén. No quiso entrar de incógnito en la ciudad, como quien no se atreve a dar la cara. 2. Para mostrar que no se sentía deprimido o turbado ante el pensamiento de los inminentes padecimientos. No sólo llega en público, sino también con rostro sereno y tranquilo, triunfal.

I. El aspecto externo de este triunfo era muy modesto, pues entró sentado en un pollino prestado. Nació en un establo prestado, navegó en una barca prestada, comió la Pascua en un aposento prestado, fue sepultado en un sepulcro prestado y entró montado en un pollino prestado. Que no se avergüencen los creyentes de ser deudores a otros hermanos ni de pedir prestado cuando lo necesiten, pues su Maestro no se avergonzó de ello. Tampoco disponía de una montura suntuosa, sino que echaron sobre el pollino sus mantos (v. Mar 11:7), a fin de que Jesús pudiese cabalgar con cierta comodidad. Se cumplía así la profecía de Zac 9:9. Al no disponer tampoco de ricas alfombras para los pies de su cabalgadura, «muchos extendieron sus mantos en el camino» (v. Mar 11:8). Otros tendían por el camino ramas que habían cortado de los árboles, como acostumbraban los antiguos hacerlo en las pompas solemnes (1Ma 13:51; 2Ma 10:7); como aun hoy siembran de flores y hierbas aromáticas, en algunos lugares, las calles por las que van a pasar personas pertenecientes a la realeza. Esto nos enseña, por una parte, a no buscar por nosotros mismos recepciones y acogidas suntuosas, sino condescender con lo que nos presentan con buena voluntad; por otra, a recibir con alegría al Señor que viene a nosotros en humildad, como dice el Crisóstomo, «no para que le temamos por su poder, sino para que le amemos por su mansedumbre».

II. El lado interior de este triunfo era muy grande. Cristo mostró Su conocimiento de cosas distantes y Su poder sobre la voluntad de los hombres, cuando envió a Sus discípulos para que le trajeran el pollino (vv. Mar 11:1-3). Mostró Su dominio sobre las criaturas al montar un animal «sobre el cual todavía no se sentó ningún hombre» (v. Mar 11:2). El original da a entender que el lugar donde se hallaba atado el pollino era un recodo o encrucijada de dos calles, donde era difícil que alguien se lo llevase sin que lo advirtiera el dueño. Es un detalle que confirma, una vez más, que Marcos escribía informado por Pedro, quien era, con gran probabilidad uno de los dos discípulos que fueron a buscar el pollino. No deja de ser conmovedora y alentadora la frase que, acerca del pollino, dice Jesús: «Si alguien os dice: ¿Por qué estáis haciendo eso?, decid: El Señor lo necesita» (v. Mar 11:3). ¿Puede algún creyente sentirse inútil, cuando el Señor de cielos y tierra, para entrar triunfalmente en Jerusalén, tuvo necesidad de un pollino? Dice ingeniosamente P. Charles: «Este pobre asno no ha dejado reliquia siquiera.

«No podría yo consolarme de ser como él, bastante gris y sin relieve, porque también de mí tenéis necesidad para vuestra obra? Cuando el descorazonamiento me abruma, cuando arrastro detrás de mí esta idea pesada de que, no teniendo mucho valor, no podré hacer nunca algo que valga la pena; cuando el demonio mismo me predique una falsa humildad y me diga que basta con resignarse …, ¿no debería desechar con un gesto todos esos consejeros de derrota, todos esos pensamientos de capitulación y acordarme de que hay un medio de prestar servicio hasta la muerte, y que Él es el resumen de la Ley y de los Profetas?»

III. Veamos ahora cómo recibió Jesús los gozosos «hosannas» de la gente y que el mismo Dios puso en el corazón de la multitud, como unos días después puso el diablo en el corazón de muchos el grito de «¡Crucifícale!»

1. Aclamaron Su persona (v. Mar 11:9): «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» ¡Bendito el tan prometido y tan esperado! Así hemos de darle nuestro aplauso, pero sobre todo, nuestro corazón. Es un bendito Salvador, que viene a traernos bendiciones. Pero ¡qué responsabilidad! «Mirad que no desechéis al que habla» (Heb 12:25). El Crisóstomo amonesta al pecador de la manera siguiente: «Prefieres obedecer al diablo para ser castigado, que no a Cristo para salvarte (comp. con Rom 6:23). ¿Puede haber locura de peor linaje que ésta? El uno os conduce al infierno; el otro, al reino de los cielos. Y, sin embargo dejáis a Cristo y seguís al diablo. Al uno, que os sale al encuentro, le rechazáis; al otro, que está lejos le llamáis. Es como si un rey vestido de púrpura y ceñido de diadema no lograra persuadiros, y os persuadiera un bandido blandiendo su puñal y amenazándoos de muerte».

2. Le desearon parabienes en Su empresa: «¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David!» (v. Mar 11:10). Creían que Jesús tenía un reino, y que ese reino era de Su padre David; un reino y un rey venidos en nombre del Señor. ¡Bendito reino! Oremos por su venida: «Venga a nosotros tu reino» (Mat 6:10; Luc 11:2). Apresuremos su llegada (2Pe 3:12), ya que reinaremos con Él (Apo 5:10; Apo 20:4; Apo 22:5).

IV. Cristo, así acogido y aplaudido, vino a la ciudad y entró en el templo (v. Mar 11:11). Miró todo alrededor, aunque, por entonces, no dijo nada ni tocó cosa alguna hasta la mañana siguiente. Hay quienes piensan que Dios no existe porque está callado y no hace milagros para desbaratar los planes de los impíos. Ésta fue la tentación de Asaf en Sal 73:2. Pero, dichoso es quien, como él (v. Mar 11:25), puede decirle al Señor: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Estando contigo, nada me deleita ya en la tierra». Tengamos confianza en que Dios ve toda la maldad que hay en el mundo, como ve todo lo bueno y lo malo que hacemos. Aunque sea un Dios silencioso, no es un Dios silenciado. Su silencio no es impotencia, sino «paciencia para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (2Pe 3:9). Hecha la meticulosa inspección en el Templo, Jesús se retiró con Sus discípulos a Betania, donde pasó la noche.

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