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¿Hay pecado oculto en tu corazón?

La carta llegó a primera hora de la mañana. El empleado del servicio postal no se tomó el trabajo de notificar si el destinatario vivía allí. Simplemente tocó el timbre, arrojó el sobre blanco y salió en su bicicleta. Norha pensó que tal vez era porque estaba por llover. “Lo más probable es que no quiera enfrentar el aguacero que viene”, razonó al mirar el horizonte lejano, poblado por densos nubarrones.

Más por curiosidad que por cualquier otra cosa, abrió el documento. Aprovechó que estaba sola. Su esposa, Gerardo, había salido temprano hacia la oficina. El texto estaba escrito a mano, con lapicera azul. En ella, una mujer se quejaba de que le habían incumplido una cita. “Ya que decidiste no prestarme más atención, voy a enterar de todo a tu esposa. De mi no te burlas.”, sentenciaba.

Aquello fue demoledor. Descubrió que su marido, el de tantos años, tenía amante…

El vehículo atravesó raudo la avenida. Dobló la esquina, y justo cuando iba a ingresar a un motel—ubicado en un lugar aparentemente discreto—se encontró de frente con un taxi que salía del lugar. La colisión fue muy fuerte. Vidrios, fragmentados en mil partículas, volaron por todas partes. El hombre se bajó del automotor. Estaba visiblemente golpeado. Una mujer dentro del automotor, estaba lesionada. Alguien detuvo su carro para auxiliarle y, con sorpresa, reconoció que el accidentado era un clérigo de la congregación en la que se reunía,  y se dirigía a aquel antro, ¡acompañado por una mujer que no era su esposa!

Y en un tercer escenario, Ruth estaba en mi oficina. Una mañana calurosa en Santiago de Cali, apenas atenuada por la brisa—extraña a esas horas—que bajaba de los farallones, con la misma frescura de un manantial en medio del desierto. “Ya no soporto más esta situación”, dijo.  Se veía angustiada. El motivo de su preocupación era la infidelidad en la que había incurrido cuatro años atrás, con el mejor amigo de su esposo.

“Fue una locura, pero me vi arrastrada a nuevos encuentros”, relató. Ahora que estaba decidida a cotar con esa relación, el hombre la presionaba bajo la amenazaba de que le informaría al esposo sobre ese tórrido romance. “Se que él es capaz de destruir mi hogar”, se lamentó.

Tres escenas, tres casos, tres situaciones que acarrean angustia, depresión, dolor y, que además de perjudicar a sus protagonistas, inciden en la vida de otras personas.

¿Qué guardas en tu corazón?

El pecado oculto es muy frecuente en la vida de personas que, en apariencia, son intachables. Gozan de reputación. Cuidan cada paso que dan; sin embargo, arrastrados por sus pasiones, terminan cayendo en una situación irregular que  buscan—a toda cosa—guardar en secreto. Pero la conciencia acusa. El asunto está ahí. Y las consecuencias son desastrosas.

Ahora, aterricemos el asunto en la parte práctica. El pecado oculto nace con un pensamiento. Algo fugaz,  a simple vista trivial. Es en este punto, cuando podemos desecharlo. Es tanto como estar en medio del puente que marca la frontera entre dos países. Si usted da un paso más, estará del otro lado, pero si retrocede, estará en la nación de la que es oriundo. Decisiones. Todo parte de ahí.

Ahora, si avanza, habrá cruzado la frontera y el pensamiento de pecado, pasa a anidarse en el corazón y de ahí a la materialización, hay un corto trecho.

Mida cada una de sus acciones

Toda persona, profese fe en Jesucristo o no, está llamada a medir cuidadosamente cada una de sus acciones. Todo cuanto hagamos, desata consecuencias.  Positivas o negativas. Todo depende de lo que hayamos hecho.

Para ilustrar este aspecto lo invito a considerar el momento trascendental para el pueblo de Israel cuando se encontraban a las puertas de conquistar a Jericó. Dios estaba guiando cada paso. Y fue precisamente el Señor quien a través de Josué les advirtió: “No vayan a tomar nada de lo que ha sido destinado al exterminio para que ni ustedes ni el campamento de Israel se pongan en peligro de exterminio y de desgracia.”(Josué 6:18, Nueva Versión Internacional)

La Biblia nos advierte sobre muchas inclinaciones y comportamientos que resultan perjudiciales. La decisión es nuestra y nada más que nuestra, respecto del camino que debemos tomar. Dios no obliga a nadie. Nos da la opción, y nuestras elecciones deben ser responsables.

Frente a la posibilidad de apropiarse de algo valioso, que tal vez cambiaría su futuro, un israelita optó por guardarse algo del botín. “Sin embargo, los israelitas desobedecieron al Señor conservando lo que él había decidido que fuera destinado a la destrucción, pues Acán hijo de Carmí, nieto de Zabdí y bisnieto de Zera, guardó para sí parte del botín que Dios había destinado al exterminio. Este hombre de la tribu de Judá provocó la ira del Señor contra los israelitas.”(Josué 7:1)

Tome nota del hecho: una sola persona terminó involucrando a los demás, generando perjuicio a quienes eran inocentes. Es una realidad estrechamente ligada al pecado oculto. Un comportamiento inapropiado de su parte, afecta a su prójimo, a su cónyuge, a sus hijos, a su familia. ¿Lo ha pensado alguna vez? Si medita en el asunto seguramente coincidirá conmigo en la necesidad de aplicar correctivos, hoy, ahora mismo.

Consecuencias presentes y futuras

El pecado oculto produce consecuencias inmediatas, pero también futuras. Un proceso.  El hoy termina afectando el mañana. Mancha todos nuestros días. Piénselo con detenimiento.

Sobre esta base, descubrimos el enorme perjuicio que la acción de Acán trajo sobre Israel. El pueblo se aprestaba a conquistar la ciudad de Hai. Exploraron el territorio. Su informe fue alentador: “Poco después regresaron y le dieron el siguiente informe a Josué: «No es necesario que todo el pueblo vaya a la batalla. Dos o tres mil soldados serán suficientes para que tomemos Hai. Esa población tiene muy pocos hombres y no hay necesidad de cansar a todo el pueblo.» Por esa razón, sólo fueron a la batalla tres mil soldados, pero los de Hai los derrotaron”(Josué 7:3,4. Nueva Versión Internacional)

¿Qué ocurrió? Los guerreros fueron derrotados. ¿La razón? El pecado oculto de Acán. Lo afectaba directamente a él y a quienes le rodeaban. ¿Comprende la magnitud del problema?

El relato bíblico señala que “El ejército israelita sufrió treinta y seis bajas, y fue perseguido desde la *puerta de la ciudad hasta las canteras. Allí, en una pendiente, fueron vencidos. Como resultado, todo el pueblo se acobardó y se llenó de miedo.”(Josué 7:5. Nueva Versión Internacional)

La derrota fue la paga de obrar mal. Pregúntese ¿hay problemas en casa?¿Crisis económica?¿Proyectos que terminan en fracaso? Probablemente haya algo que guarda en su corazón y contamina todo cuanto hace. Y la victoria sólo volverá cuando se ponga a cuentas con Dios y decida asumir el cambio, tanto en su forma de pensar como de actuar.

Nada permanece oculto para siempre

Probablemente se siente relativamente tranquilo porque hasta la fecha, nada de cuanto hace o ha hecho, es evidente. Pero ¡cuidado! Nada permanece oculto para siempre. Temprano o tarde, saldrá a la luz. Por esa razón hoy es el día para volver la mirada a Dios, pedir perdón por su pecado y aplicar correctivos. Evítese momentos futuros desagradables, cuando quedará al descubierto lo que ha hecho y en lo que sigue afincado, por orgullo, por temor o simplemente, porque le gusta andar envuelto en una vida licenciosa de pecaminosidad.

Ante la derrota, Josué y los líderes de Israel hicieron lo que debían: buscaron el rostro de Dios. Clamaron a Él en procura de respuestas. Y su búsqueda tuvo eco: “Y el Señor le contestó:—¡Levántate! ¿Qué haces allí postrado? Los israelitas han pecado y han violado la alianza que concerté con ellos. Se han apropiado del botín de guerra que debía ser destruido y lo han escondido entre sus posesiones. Por eso los israelitas no podrán hacerles frente a sus enemigos, sino que tendrán que huir de sus adversarios. Ellos mismos se acarrearon su destrucción. Y si no destruyen ese botín que está en medio de ustedes, yo no seguiré a su lado.”(Josué 7: 10-12. Nueva Versión Internacional)

Dios les advirtió que en tanto persistiera esa situación, iban a experimentar derrota. No podrían enfrentar exitosamente a sus enemigos—Versículo 13. Tome esa palabra para su vida. Aprópiese de ella y obre en consonancia. Sométase a Dios y traiga cambias a sus actitudes y comportamiento. ¡Su vida será diferente!

Su decisión: proseguir o corregir

Recuerde siempre que nuestro amoroso Padre Dios, nos brinda la oportunidad de corregir los errores. Eso no implica que las consecuencias se eliminen, pero sí nos evitan una crisis futura, producto de nuestra transgresión a los principios dinámicos que conducen al crecimiento personal y espiritual.

Algo más: si pedimos la intervención del Señor, Él sacará a la luz aquello que no está de acuerdo con Su voluntad. El pecado oculto aflorará. Así ocurrió en el caso de Acán. Dios reveló quién era el culpable. Acán, al verse descubierto, reveló cuáles fueron sus motivaciones: “Acán le replicó: —Es cierto que he pecado contra el Señor, Dios de Israel. Ésta es mi falta: Vi en el botín un hermoso manto de Babilonia, doscientas monedas de plata y una barra de oro de medio kilo. Me deslumbraron y me apropié de ellos. Entonces los escondí en un hoyo que cavé en medio de mi carpa. La plata está también allí, debajo de todo. ”(Josué 7:12, 13. Nueva Versión Internacional)

Obedecer al corazón no es buen consejo. Nuestras emociones son volubles y pueden conducirnos al error. Motivados por el momento, actuamos, y luego—con cabeza fría—descubrimos lo que hicimos y tal vez es muy tarde.

Pero, insisto, hoy es tiempo de corregir y cambiar. Si confesamos el pecado oculto delante de Dios, alcanzaremos perdón. Pero debemos ser honestos. No permitir que la maldad siga anidando en el corazón, trayendo perjuicios a nuestro presente y al mañana. ¡Tome la decisión! Vuélvase de pecar y comience a caminar con el Señor, de acuerdo con Su voluntad. ¡Su vida será diferente!

Hay algo más que le falta

Aceptar a Jesucristo en el corazón es el paso más importante que podemos dar. Es el comienzo a una vida renovada y de victoria. Es muy sencillo. Dígale, allí donde se encuentre: “Señor Jesucristo, reconozco en tu presencia que he pecado. Gracias por morir en la cruz por mis errores. Hoy te recibo en el corazón como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Ahora tengo tres recomendaciones para usted. La primera, que haga de la oración un principio de vida. Orar es hablar con Dios. La segunda, lea la Biblia. Allí aprenderá principios dinámicos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual. Y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Puedo asegurarle que todo será diferente.

Acerca de Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre del hijo más sabio, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su trabajo con la palabra de Dios y con jóvenes se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas a millones de personas, siendo director ejecutivo de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

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