Martes 06 de Setiembre del 2005

 

 

Judas 20-21

Pero vosotros… orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.


1 Corintios 3:16

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotrosí

 

 

Orar en el Espíritu Santo

Prestemos atención: no se trata de orar “al Espíritu Santo”, como si tuviésemos que dirigirnos a Él. Debemos orar en él, es decir, en el poder y bajo la dirección del Espíritu de Dios que mora en nosotros, ya que lo recibimos cuando aceptamos al Señor Jesús como nuestro Salvador, al haber nacido de nuevo (Juan 3:5-8; Efesios 1:13).

Nuestras oraciones deben ser en el Espíritu, es decir, debemos ser conducidos por el Espíritu, para orar según la voluntad de Dios. “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). Las oraciones que son conducidas por el Espíritu Santo son serias y se ajustan al pensamiento divino; por eso Dios puede escucharlas y responder.

Por la oración expresamos nuestra sumisión a Dios. Somos completamente dependientes de él. No lo olvidemos cuando nos dirigimos a Dios. Debemos, pues, comportarnos a la inversa de los impíos que Judas (v. 8-10) describe en su epístola y que menosprecian cualquier autoridad. Éstos, además de no tener ninguna noción de Dios, hablan liviana y burlonamente del diablo. No hemos de incurrir en esta falta.

 

 

 

 

 

© Ediciones Bíblicas “La Buena Semilla” 1166 PERROY (Suiza)

 

 

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