DISCIPLINAS LIBERTADORAS

¿Qué haré para que me obedezcan?


Sr. Palau:

¿Qué haré para que mis hijos me obedezcan? Parece que no puedo obtener la disciplina que deseo en mi hogar.

Respuesta:

En primer lugar hay que amar mucho a Dios y a los hijos para que la disciplina funcione.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que es muy provechoso tener reglas o normas en la casa, que los hijos deben respetar y obedecer, teniendo presente que si desobedecen, van a recibir el debido castigo. La Biblia en el libro de los Proverbios, capítulo l9 dice:

"Castiga a tu hijo mientras hay esperanza".

Y en el capítulo 13 del mismo libro dice:

"El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige".

La disciplina, por lo tanto, hay que hacerla funcionar en base a reglas y normas pero nunca bajo arranques de ira. Como me dijera un señor: "Mire señor Palau, cuando mis hijos me desobedecen, yo reviento". Este comportamiento de parte de los padres no establece disciplina pues el estado nervioso y alterado de una persona refleja falta de control.

En tercer lugar, una manera muy eficaz de obtener disciplina de los hijos, es haciéndoles saber las consecuencias de sus acciones. Sus hijos deben comprender que si obedecen, todo les va a resultar bien y a la vez van a ser recompensados; bien sea con un paseo, un regalo, la sonrisa de sus padres o las palabras de estímulo de los mismos. Asimismo, deben saber que si desobedecen habrá castigo, ya sea físico o de restricción de privilegios. El hecho es que toda la familia debe reconocer que tanto la obediencia como la desobediencia traen sus consecuencias, y al experimentar las mismas es como se obtiene la disciplina en el hogar.

En cuarto lugar, no olvide usted que la Biblia enseña que todos los seres humanos recibimos disciplina de Dios. En especial nos damos cuenta de esto los que somos llamados hijos de Dios, esto es, los que hemos recibido a Cristo en el corazón. Si no recibimos disciplina de Dios, quiere decir que no somos verdaderos hijos suyos.

En el libro de los Hebreos, capítulo 12 se nos dice lo siguiente:

"Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por El; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos".

Y si Dios, que es nuestro Padre Celestial, nos disciplina, ¿no debemos también nosotros disciplinar a nuestros hijosí

Por último, amable lector, no olvide que Dios quiere lo mejor para nosotros, y por lo tanto exige amor y respeto a su Palabra.

En Deuteronomio, capítulo 6 leemos:

"Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes".

Que Dios le ayude en la disciplina de sus hijos.

HeH-2

Mi esposo y yo somos infieles

Sr. Palau:

Mi esposo es mujeriego y tal vez fue por eso que yo también he caído en pecado con un muchacho. Sé que está mal, pero me es muy difícil terminar con este joven. He rezado mucho a Dios y a la virgen para que me ayuden, pero parece que no puedo sobreponerme a la tentación de seguir con él. De veras preciso su consejo.

RESPUESTA

En primer lugar, señora, ahora mismo y en forma terminante, usted tiene que dar fin a sus relaciones con este joven. Es cierto que su marido le ha sido infiel, y seguramente usted quiso vengarse de él, sin embargo su mal comportamiento no va a resolver el problema.

Para romper sus relaciones con este muchacho, le recomiendo que si es posible, vaya acompañada de una persona respetable de su confianza que ya conozca su situación, con el fin de que haya alguien que la respalde en su decisión. Si no hubiere tal persona, explíquele su caso a un ministro de Dios, (un pastor) para que él o alguna persona responsable de su iglesia la acompañe. Si tiene que ir sola, que su encuentro sea en un restaurante o en un lugar bien abierto y con mucha gente. No permita que tal conversación se lleve a cabo en un lugar privado y a solas porque Satanás trabaja astutamente en el corazón del hombre, y la va a hacer caer de nuevo.

En segundo lugar, tanto usted como su esposo, deben comprender la gravedad del pecado del adulterio. La Biblia dice en 1a. Corintios capítulo 6:

"Por eso les digo que huyan de los pecados sexuales. Ningún otro tipo de pecado afecta al cuerpo como éste. Cuando uno comete este pecado, peca contra su propio cuerpo".

Estimada señora, usted y su esposo deben entender que esta infidelidad mutua es un pecado grave, porque están ultrajando tanto a Dios como a sus propios cuerpos y también el uno al otro.

¿Cuál es la solución a este problema? Para una solución positiva al problema de la tentación sexual y la infidelidad matrimonial, es primordial que tanto usted como su esposo entreguen sus vidas a Cristo. El tiene poder para liberarlos, limpiando sus conciencias de las manchas del pecado.

La Biblia dice que "la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado" (Ia. Juan l:7). Por eso es que a Cristo se le llama el Cordero de Dios, porque con su muerte pagó el castigo que merecíamos por causa de nuestros pecados; y con su resurrección venció a la muerte y a Satanás (el promotor del pecado). En Efesios capítulo l dice:

"Tan sobreabundante es su amor que con la sangre de su Hijo, borró nuestros pecados y nos salvó".

Por lo tanto si usted y su esposo reciben a Cristo en sus corazones, El va a limpiar sus mentes destruyendo sus pasiones y debilidades, y les va a dar poder para vencer la tentación. San Pablo dice en su carta a los Filipenses, capítulo 4:

"Con la ayuda de Cristo, que me da fortaleza y poder, puedo realizar cualquier cosa que Dios me pida realizar".

Señora, ábrale su corazón a Cristo ahora mismo. El va a darles la paz y sabiduría que tanto usted como su esposo necesitan para formar un hogar feliz.

HeH-3

Disciplina de los hijos

Sr. Palau:

Tengo un hijo de once años que es muy rebelde. Mi esposo lo trata duramente pero no da resultado. El cree que sólo con castigo físico se educan los hijos. ¿Qué consejo nos puede dar usted?

RESPUESTA

Estimada señora, la verdadera disciplina comienza en la cuna. Su esposo está equivocado al creer que sólo con castigo físico se educan los hijos. El castigo físico es necesario, pero es sólo uno de los aspectos de la disciplina eficaz.

Los sicólogos, siquiatras y sociólogos varían en sus opiniones sobre la disciplina. Frecuentemente se contradicen en sus debates. ¿A quién entonces recurriremosí Yo creo que debemos recurrir a Dios, nuestro Creador.

Deseo mencionar seis principios bíblicos básicos, porque en la Biblia encontramos indicaciones que Dios nos ha dado acerca de disciplinar y criar a nuestros hijos.

Primero, hay que disciplinarlos con amor y por amor; con el amor del Espíritu Santo de Dios que debe llenar nuestro corazón, y por amor al niño y a todo su futuro como persona y como parte de la sociedad. "El Señor al que ama, disciplina", dice Hebreos capítulo 12. Los hijos de Dios debemos imitarle y disciplinar igualmente a nuestros hijos.

Segundo, la disciplina demanda tiempo, atención personal y dedicación. La mayoría de los hijos no resultan buenos por coincidencia. La Biblia dice en Proverbios capítulo 22:

"Enseña al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de ello".

Enseñamos por medio de nuestras conversaciones. El niño oye todo; nada se le escapa y todo lo recuerda e imita. Enseñamos también por nuestra conducta. Los hechos hablan más elocuentemente que nuestras palabras y demandas.

Tercero, cada uno de nuestros hijos tiene derecho a recibir atención individual. No hay dos hijos idénticos. Yo tengo cuatro hijos y cada uno de ellos es distinto tanto física como emocionalmente. Sus personalidades son completamente diferentes. Sus problemas, debilidades, aficiones, son personales en cada caso. Ustedes sólo tienen que entenderse con un hijo.

Cuarto, la Biblia también enseña que el castigo físico es necesario. El libro de Proverbios dice:

"No rehúses corregir al muchacho, porque si lo castigas con vara no morirá; lo castigarás con vara y librarás su alma del infierno" (Proverbios capítulo 23).

Por otra parte, Colosenses capítulo 3 recomienda:

"Padres, no exasperéis a vuestros hijos para que no se desalienten".

Y en Efesios capítulo 6 dice:

"Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor".

Quinto, celebren una pequeña reunión entre usted, su esposo y su hijo. Resuelvan cambiar el ritmo de vida. Traten de entenderse en forma sincera. Lean la Biblia juntos y oren diariamente. Dios quiere que vuestro hijo sea un hombre de bien. El lo creó diferente al resto de los seres humanos para una misión muy importante que sólo Dios conoce.

Sexto, la Biblia dice en Proverbios capítulo 24:

"Con sabiduría se edificará el hogar y con prudencia se afirmará".

Para obtener sabiduría entonces estudien y practiquen estas palabras de Santiago capítulo 1:

"Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche".

Que vuestro hogar sea edificado con la sabiduría de Dios.

HeH-4

¿Debo reunirme con mi esposo?

Sr. Palau:

Mi esposo se fue a vivir a los Estados Unidos y quiere que yo me vaya con él, pero siento una gran responsabilidad hacia mi madre que es viuda– y quedan cinco hermanos menores. Yo amo mucho a mi madre y siento que debo ayudarla. Mis hermanos menores son bastante desobedientes con ella y si yo me voy va a ser peor. ¿Qué hago, me voy con mi esposo o me quedo con mi madre? El sólo va a estar allá por un año, aunque existe la posibilidad de quedarse a vivir allá.

RESPUESTA

Mi consejo, obviamente, es que usted debe ir de inmediato a reunirse con su esposo, sin pensarlo dos veces. Su obligación es para con su esposo. Me dice que su madre sufrirá porque sus hermanos menores son desobedientes; quizá tenga usted razón, pero ahora usted es una mujer casada y su deber es estar con su marido, o su matrimonio deja de ser tal. Su madre tendrá que llevar su propia carga y es responsabilidad de ella implantar disciplina en su hogar.

Ore usted por ella, escríbale. Escriba también a sus hermanitos, dándoles consejos, rogándoles que obedezcan y se comporten como niños responsables. La Biblia dice que "la oración eficaz del justo puede mucho" (Santiago capítulo 5). Dios puede obrar maravillas. Puede cambiar la actitud de sus hermanos. Lógicamente que para esto es necesario que ellos establezcan una amistad personal con Dios, pidiéndole a Cristo que forme parte de sus vidas.

Dios también puede intervenir en el corazón de su esposo; y si de acuerdo con Dios, lo mejor para él es volver a su país, ya sea por consideración hacia su madre u otra razón, entonces Dios va a arreglar las circunstancias para que ustedes tomen esta decisión. Tal vez Dios sabe que lo mejor para ustedes es que vivan en los Estados Unidos. En ese caso, acepte la voluntad de Dios y confíe en El, porque Dios no desampara a los que caminan en sus planes. Así lo dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 8:

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados".

Por último, la oración eficaz puede cambiar también el corazón suyo, señora. Por su carta, me da la impresión de que usted es una persona bastante rebelde para con su esposo y que ha estado resistiendo ir a vivir con él. San Pablo en su carta a los

Efesios capítulo 5 dice:

"Las casadas estén sujetas a sus propios maridos".

Por su carta también intuyo que a usted le cuesta mucho estar sujeta a su marido, ¿estoy en lo cierto? A las personas de carácter fuerte no les resulta fácil obedecer, pero la Biblia enseña que la marca del verdadero cristiano (o cristiana) es la sujeción a la Palabra de Dios, y en su caso, señora, la Palabra le exige que vaya donde está su esposo. Sólo así van a ser felices, y si Dios quiere que en el futuro regresen para estar junto a su madre, El los va a traer a los dos.

Dios es amor y quiere que todos seamos felices, pero la obediencia a su Palabra es el primer paso hacia la felicidad.

HeH-5

Mi esposa no va conmigo

Sr. Palau:

Tengo cincuenta y un años de edad, y ocho años desde que me convertí en cristiano de verdad. Como mi esposa no va a los cultos conmigo los domingos, me siento desanimado de servir a Dios como El quiere. Y en cambio, me siento inclinado a la inmoralidad sexual, pecado que, desde tierna edad me acompaña. Espero que Dios le ilumine y le dé un buen consejo para mí.

RESPUESTA

Estimado señor, primero, usted tiene que hacer una decisión muy íntima y muy personal. Usted tiene que decidir entre servir a Dios o servir a Satanás.

Si usted decide servir a Dios, puede resolver su problema de tentación. La Biblia dice:

"Con la ayuda de Cristo, que me da fortaleza y poder, puedo realizar cualquier cosa que Dios me pida realizar" (Filipenses capítulo 4).

Usted dice que se siente inclinado a la inmoralidad desde tierna edad. Entonces es usted un ser muy normal, porque todo el mundo tarde o temprano, se siente inclinado a la tentación de la inmoralidad. Dios creó la sexualidad como parte del ser humano y en sí misma nada de malo tiene. Pero como somos una raza contaminada por un cáncer espiritual, el pecado, necesitamos una fuerza externa que nos ayude a vencer la tentación.

Dios mandó a su Hijo, que murió en una cruz y resucitó y ahora vive, para ayudarnos (entre otras cosas) a triunfar sobre las tentaciones egocéntricas como la inmoralidad sexual, que son despreciables, nos arruinan y arruinan a otros. La Biblia dice que todo lo puedo en Cristo que me fortalece. ¿Cómo nos fortalece Cristo? Cuando lo recibimos por la fe en nuestro corazón, El entra por el Espíritu Santo y nos da todo el poder que necesitamos para vencer esas inclinaciones impuras.

Segundo, señor, usted tiene que purificar sus pensamientos. Nosotros tenemos la mente de Cristo, dice San Pablo. ¿Cómo puede la mente de Cristo controlar nuestra mente, nuestros pensamientosí Cada noche, antes de acostarse y cada mañana antes de salir al trabajo, pase quince o veinte minutos leyendo la Biblia, empapando sus pensamientos, emociones y voluntad con los pensamientos de Dios, la mente de Cristo.

En tercer lugar, cumpla usted con su deber conyugal para con su esposa. Si usted y su mujer se están satisfaciendo íntimamente, como la Biblia demanda, la tentación va a decrecer cuando esté fuera de su casa.

Por último, confiésele su pecado a Dios y entréguele su vida a El incondicionalmente. Cumpla con el buen ejemplo de ir a la iglesia y servir a Dios, y el ejemplo que usted le va a dar a su esposa la va a atraer a ella a Cristo.
HeH-6

Todavía amo a mi ex-novio

Sr. Palau:

Tengo treinta años, doce de casada y dos hijos. No amo a mi esposo, pero nunca se lo he hecho notar. Antes de casarme estuve de novia con un muchacho que era toda mi vida, pero por oposición de mi familia tuve que casarme con el que actualmente es mi esposo. El es muy celoso, pero como no lo quiero, he decidido no reclamarle nada. Yo sigo amando a mi ex-novio, que se encuentra en el exterior. Cuando se fue, me pidió que me fuera con él, incluso con mis hijos. Pero soy muy cobarde y no quise hacerlo. Quisiera olvidarlo pero no puedo, siempre está en mi pensamiento. A veces me pongo a llorar porque no hice nada por salvar mi amor; ese amor que no he conocido todavía y que seguro no he de conocer. Hasta me he enfermado del corazón. Estoy convencida de que sin amor la vida no tiene sentido. Ayúdeme por favor.

RESPUESTA

Sus padres cometieron un error, pero eso ya quedó en el pasado.

Señora, con recordar a su ex-novio no resuelve sus problemas actuales. Al poner su atención en su ex-novio, usted paraliza su vida, su voluntad y cualquier posibilidad de encontrar amor y paz. Usted tiene que madurar, analizando toda la situación en forma imparcial.

Recordar a su ex-novio es un sueño irresponsable que está arruinando su vida, la de su esposo y de sus hijos; es precisamente lo que la está alejando a usted más y más de su marido. Por fijar su atención en él, ni siquiera se ha dado cuenta de las cualidades de su marido.

Un hogar sin amor, confianza, armonía y familiaridad deja de llamarse hogar y sus hijos se convierten en las mayores víctimas de su obstinación.

¿Por qué vivir en la desilusión y la amargura, cuando puede proyectar su mente y voluntad a una vida optimista y armoniosa, haciéndose buena amiga de su esposo, tratando de descubrir sus sentimientos, sus planes, sus idealesí Su actitud ha sido una constante acusación para con su esposo, y lógicamente él tiene que reaccionar con celos.

Recordar a su ex-novio es, además, infidelidad de corazón. Jesús dijo:

"Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo, que cualquiera que mira a una persona del sexo opuesto para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón" (San Mateo capítulo 5).

Me duele decírselo, señora, pero este soñar con su ex-novio, de acuerdo con Dios, es adulterio en su corazón. Pero usted puede llegar a conocer el verdadero amor. Primeramente, deben perdonarse mutuamente. La Biblia, que es el mejor consejero siquiátrico de todo el mundo, porque proviene de nuestro Creador quien nos conoce a fondo, dice:

"Soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguno tuviere queja contra el otro. De la manera que Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes" (Colosenses capítulo 3).

Y la clave para encontrar el verdadero amor comienza al conocer a Cristo como nuestro Salvador personal. El es el único que puede lavar nuestra mente de todo lo negativo, llenándonos de amor y esperanza. En Romanos capítulo 5, dice:

"El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado".

Ponga su vida en las manos de Cristo, y luego hable sinceramente con su esposo; explíquele su deseo de comenzar otra vez. Si así lo hacen, su hogar será renovado con Cristo como centro de la familia.

El hogar perfecto ante los ojos de Dios, es aquel donde se cumplen las palabras de 1a. Corintios capítulo 11:

"Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo".

Luis Palau