Mirar hacia arriba cuando se toca fondo

David estaba cansado de la persecución. Durante ocho años, Saúl le había dado caza sin cuartel. Sin ninguna indicación de que las cosas cambiarían, David comenzó a desanimarse por su futuro.

El líder ungido por Dios flaqueó en su fe. Aunque Dios había prometido prosperarlo, su confianza titubeó. No podía seguir esperando más.
¿No es así como nos sentimos a vecesí Sabemos que Dios ha prometido cosas buenas a los que esperan en Él, y que cada una de Sus promesas es “sí” en Cristo (2 Corintios 1:20), pero nuestra fe, como la de David, vacila.

El futuro rey de Israel evaluó sus opciones y eligió la “mejor”: hacer una alianza con los impíos filisteos. Pero al dejar la fe por el razonamiento humano, se puso fuera de la voluntad de Dios.

David se unió a los enemigos del pueblo de Dios y, al hacerlo, se olvidó precisamente de aquello a lo que se había consagrado: a ser el líder de Israel.

Afortunadamente, cuando se toca fondo, como lo hizo David, se puede salir de allí.

Centrarse en el Señor puede sacarle del desánimo y hacerle volver a Su presencia.

Lo primero es arrepentirse: confiese su falta de fe, reciba el perdón de Dios y prometa seguirlo. Luego, fortalézcase en el Señor: recuerde Su fidelidad en el pasado, reflexione en Su poder y recuerde Sus promesas.

Así, usted podrá centrar su atención en Él, no en sus problemas. Por último, decida dejar su futuro completamente en manos de Dios y pídale la ayuda de Su Espíritu Santo (Marcos 9:24). Arrepiéntase. Recuerde.

Reflexione. Decida. ¿No quisiera usted transitar la ruta que lleva hacia arriba, al Padre?

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