No tengas miedo a los cambios

«CIERTAMENTE, EL BIEN Y LA MISERICORDIA ME SEGUIRÁN TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA..» (Salmo 23:6)

Si te aferras al pasado y añoras el ayer, te vas a perder lo que Dios tiene planeado para ti. Si has perdido a un ser querido, sabes muy bien como se siente uno. La muerte arranca de nuestro lado a aquéllos a los que nos agarraríamos para siempre. Pero no podemos hacerlo, porque la muerte es parte de la vida; sólo podemos «hacer las paces» con ella cuando nos percatamos que es una «puerta» que nos permite trasladarnos de una esfera pequeña a otra grande. Por eso Pablo escribió: «…teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor…» (Filipenses 1:23b).

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No Tengas Miedo A Los Cambios

No intentes vivir tu vida por segunda vez a través de tus hijos. Mantén la mente viva teniendo expectativas que van más allá de las metas que tengas para ellos. No trates de agarrarte a una relación que ha cambiado porque «necesitas ser necesitado». Cuando Samuel nació, su madre dijo: «…yo lo dedicaré al Señor todos los días de su vida…» (1 Samuel 1:11b). Es más fácil devolverlos cuando te das cuenta de que no eran tuyos para que te los quedaras para siempre). Sé agradecido por el regalo que son los hijos, o por la satisfacción de un trabajo bien hecho, y pregunta después: ¿Qué haré con mi vida a continuación?

Si sabes de algunas áreas de tu vida en donde has sido culpable de resistirte a los cambios, permite al Señor que te quite el miedo; algo bueno va a resultar de ello. Dios no cambia, pero sus métodos de cuidar de ti lo harán constantemente. Él no te va a llevar por el mismo camino dos veces, pero «…el bien y la misericordia (me) [te] seguirán todos los días de (mi) [tu] vida…» (Salmo 23:6); ¿Qué más se puede pedir?

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