Sin MiedoCristiano,no le tengas miedo al fracaso. Parte tres

“…AUNQUE SIETE VECES CAIGA EL JUSTO, VOLVERÁ A LEVANTARSE” (Proverbios 24:16)

Escribió el salmista: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu palabra” (Salmo 119:67). Haciendo las cosas mal, aprendió a hacerlas por fin bien. La realidad es que cuando fracasas en un área determinada, eso te puede llevar a explorar otras. La mayoría de los triunfos en la vida se obtienen a base de “probar y cometer errores”. Muchas veces fracasas no porque no alcanzas tu meta, sino no porque no te has esforzado para conseguirla. El fracaso puede también ayudarte a descubrir ámbitos en los que puedes triunfar. Es lógico que si odias el trabajo que haces, no lo harás bien. Sin embargo, tal vez encontrarte en esa situación lamentable te obligue a perseguir lo que te gusta hacer y aquello para lo que estás dotado.

Otro beneficio de los fracasos es que te hace menos crítico de los demás. Cuando tú mismo has fallado, eres más tolerante con otros; en lugar de apuntar con el dedo acusatorio, ves la necesidad de tenderles una mano. En lugar de decir cosas como: ‘No puedo creer que hiciste eso’, te acuerdas del pozo del que Dios te sacó y dices con agradecimiento y humildad: ‘Yo he pasado por eso, llevo las cicatrices.’ Sabes bien lo que duele el fracaso y entiendes cómo se sienten y por lo que han pasado otros. Esas experiencias hacen de ti un mejor amigo, mejor maestro y mejor ejemplo de la gracia de Dios. Jesús le dijo a Pedro: “…Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32).