Libros Cristianos – Kenneth Hagin La Fe Lo que es – Capitulo 1

La Fe, lo que es

 

Kenneth E. Hagin

 

 

 

Capítulo 1 – La Diferencia Entre la Fe y la Esperanza

 

"Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" Hebreos 11:1

 

La traducción del Nuevo Testamento hecha por Moffat reza así: "Pues, la fe quiere decir que tenemos la confianza de tener lo que esperamos, persuadidos de lo que no vemos". El Espíritu por medio de Pablo nos dice que la fe es el apoderarse de las ilusiones de la esperanza, para traerlas al ámbito de la realidad.

La fe, como sabemos, nace de la Palabra de Dios, como dice Romanos 10: 17: "Así que la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios". Otra traducción dice: "La fe es el instrumento de garantía que ahora es suya la cosa que anhelaba tener". Es la convicción, según el texto, de lo que no se ve. Por ejemplo, espera usted el dinero para satisfacer una deuda, pero la fe le da la seguridad de tener el dinero a tiempo. Espera usted tener las fuerzas que su trabajo requiere, pero la fe dice: "Dios, la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?" Pues, la fe dice la misma cosa que dice la Palabra de Dios.

La incredulidad se declara en contra de la Palabra de Dios. Triste es que tantos creyentes expresen la incredulidad y se pongan en contra de la Palabra de Dios. Entonces quieren saber por qué la Palabra de Dios no produce resultados en ellos. No les aprovecha porque se ponen en contra de ella. Si quiere que la Palabra de Dios le beneficie, concuerde con ella.

El mejor modo de averiguar lo que algo es, es establecer lo que no es. Si sabe lo que no es, puede ver más claramente lo que es. Procedamos de ese modo.

Primeramente, fe no es esperanza. Demasiadas veces cuando se trata de recibir el Espíritu Santo, de ser sanado, o de ver contestada una oración, muchísimos meramente esperan recibir. Pero el esperar no hace nada; sólo el creer.

La fe es del presente: si no trata del presente, no es fe. "Creo que recibiré el Espíritu Santo algún día" no expresa fe, sino esperanza, porque la esperanza siempre señala algo futuro. Pero la fe es siempre de ahora. La fe dice que recibe ahora mismo, que lo tiene ahora. Necesitamos saber esto cuando queremos recibir algo de Dios. Hable así porque son las mismas reglas si se trata de recibir el Espíritu Santo, o de ser sanado, o de recibir la contestación a una oración, o de resolver un problema financiero. El principio de la fe es el mismo en cualquier esfera. Si uno puede aprender el principio de la fe, le será fácil recibir lo que busca de Dios o lo que desea recibir. Por tratar con tantos durante tantos años, yo sé bien que cuando se trata de recibir el Espíritu Santo y de ser sanado, y también de ver contestada la oración, más que suficientes son los que simplemente esperan que Dios oiga, o esperan recibir.

Me acuerdo de una campaña que tuvimos en una carpa en Waco, Texas, hace algunos años. Empezamos un domingo por la noche y prediqué sobre la salvación; el lunes hablé sobre la fe, y el martes sobre la imposición de manos. Después de dirigirme a los perdidos pasamos a imponer las manos sobre los enfermos para la sanidad, y a los creyentes para que recibiesen el Espíritu Santo. Estaban en la misma fila para ambos casos. El primero en fila quiso recibir el Espíritu Santo. Le pregunté: "¿Recibirá usted y será lleno del Espíritu Santo ahora mientras le impongo las manos y oro?"

"Hermano Hagin", me respondió, "ciertamente espero que sí. Lo espero".

"No sucederá", le dije. Se enojó, y para ayudarle añadí: "no se recibe nada de Dios por esperar; es por fe que lo recibe".

"Yo no sé si voy a recibir o no, y por eso no voy a decirlo".

"Si yo le ofreciera un billete, diría usted: ¿No sé si puedo recibirlo o no?"

"Claro que no".

"Dios le ofrece un regalo tan fácil de recibir como un billete que yo le pudiera ofrecer".

"Pues, hace mucho tiempo que busco, serán unos trece años, y hasta ahora no he recibido nada. No sé si recibiré".

Tanto se turbó que le di un abrazo y le dije: "Hermano, estoy aquí para ayudarle. No daría ningún resultado si yo impusiera las manos en su cabeza y orase por usted. Estando como está usted, por más que lo hiciera, usted no recibiría nada. Le sugiero que se siente en el primer banco para mirar y ver lo que pasa y escuchar lo que se dice, y verá la diferencia entre creer y esperar".

Oramos por varios que buscaban sanidad, y entonces llegó una señorita que deseaba recibir el Espíritu Santo. Le pregunté: "¿Es usted creyente?"

"Soy miembro de la iglesia bautista", respondió ella.

"Ya ve que pudiera pertenecer a cualquier iglesia y no ser creyente. Creyente no quiere decir ser miembro de una iglesia, sino ser nacido de nuevo".

"Sí, lo sé; yo he nacido de nuevo".

"¡Qué bien!  Pero no deje que el diablo le desvíe. ¿Cree usted en el Espíritu Santo? (Sé que no todos lo creen, siendo antes yo bautista). ¿Cree usted en el bautismo del Espíritu Santo y en hablar en lenguasí"

"Claro que sí. Está en la Biblia; está en la Palabra".

"¿Recibirá usted el Espíritu Santo ahora cuando le imponga las manos en su cabeza y ore?"

"Sin duda. Oiga, sentada allí seguí cada pasaje que citó en su predicación, y allí está todo. Está en la Palabra la imposición de las manos para recibir el Espíritu Santo. Por cierto lo recibiré".

Vi que ella estaba lista. Vi la fe en acción. Extendí la mano derecha y antes de tocarla, ella levantó las manos y de hecho habló en lenguas.

Dije al señor que observaba todo: "¿Ahora ve usted lo distinto que es el creer del mero esperar que reciba el Espíritu Santo?"

"Parece que sí", me contestó.

En la noche del viernes volvió. Tuvimos imposición de manos esa noche también para los que querían ser sanados y para los que querían ser llenos del Espíritu Santo. Aquel señor fue el primero en presentarse. Le dije: "Veo que ha regresado".

"Sí", dijo, "Aquí estoy y puedo decirle que he cambiado mi esperanza por la fe. Ponga las manos sobre mí y seré lleno del Espíritu Santo ahora".

Extendí las manos, y al tocarle vi sus manos en alto, y enseguida habló en lenguas.

¡Ay! la diferencia que hace cuando uno de veras cree a Dios, y no se contenta con esperar que reciba el Espíritu Santo, o la sanidad, o la contestación de una oración, o dinero. En realidad aquel señor no había buscado nada por trece años, simplemente esperaba recibir el Espíritu Santo. Y no se recibe nada por esperar.

Jesús dijo: "Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis". No esperad, sino creed. Para aclararlo, si quiere usted saber si cree a Dios o si espera nada más, puedo decirle que la esperanza está en tiempo futuro. La esperanza mira adelante. Si usted busca ser sanado, no es en el futuro que quiere ser sanado, es ahora mismo, mayormente si sufre mucho. Si usted busca el Espíritu Santo, no es en el futuro que desea ser lleno del Espíritu, porque si usted lo aplaza, quedará sin suceder, es ahora cuando usted desea recibir.

Si uno desea la salvación, no es en el futuro ya que puede llegar a ser demasiado tarde. Sí, he hablado con hombres acerca de la salvación de su alma, y unos me decían que esperaban ser salvos; pero con dolor le digo que algunos de ellos están en el infierno. Dejaron este mundo sin ser salvos porque la salvación que se espera nunca llega.

Si usted hablara con alguien de su salvación, y le dijera a usted que esperaba ser salvo, usted le diría lo que dice a Biblia. Le diría que Efesios 2:8 dice: "Por gracia sois salvos por medio de la fe". Le diría que Jesús dijo: "Al que a mí viene, no le echo fuera". Le diría que Pablo dijo en Romanos 10:13: "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo". Le diría que Pablo dijo en Romanos 10:9-10: "Si confesores con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.  Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación". Procurará usted convencerle a dar el paso sin demora. Pero sabe usted que en cuanto a recibir el bautismo del Espíritu Santo, o en sanar el cuerpo, o en recibir lo que se pide se refiere, tropezamos con el mismo obstáculo. Esperamos que Dios oiga nuestra oración; esperamos sanarnos; esperamos recibir el Espíritu Santo. "Creo que lo recibiré algún día" no es más que esperanza. Aunque use la palabra "creo", lo deja en el futuro. Es esperanza.

Nótese que el texto dice: "Es, pues, la fe . . ." Se trata del tiempo presente. Si no es ahora, no es fe. La fe es del presente. La esperanza es del futuro. Aunque diga usted que cree, si lo pone en el futuro, no cree, sino que espera. Por eso no le resulta. Tráigalo al presente.

Algunos siempre creen que Dios va a hacer algo por ellos, pero la fe cree que El lo ha hecho y lo hace. Aún tratándose de la sanidad, muchos dicen: "Hermano Hagin, no entiendo por qué no he recibido mi sanidad. Y sé que Dios prometió sanarme". Dios no ha prometido sanar a nadie. Algunos preguntan: "¿No dice la Palabra de Dios: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolenciasí ¿No es una promesa eso?"

No, no es una promesa. Es una declaración de algo que ya ha sucedido. 1°Pedro 2:24 dice: "Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos al pecado, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados". “¿No me promete la sanidad eso?" ¡No!  No promete la sanidad. Le dice lo que le pertenece. He hallado que si puedo conseguir que uno deje de esperar y buscar la sanidad, y que crea, es sanado inmediatamente.

Hace unos años, una señora fue traída a donde yo predicaba. Ella no había dado ni un paso en cuatro años. Tenía unos 70 años, y los médicos habían dicho que ella nunca volvería a andar, que las rodillas ya no le funcionaban. Al estar siempre sentada, aumentó de peso.

Cuando se formó la fila de necesitados, trajeron a la mujer y la sentaron en el altar. Me arrodillé delante de ella, puse las manos en sus rodillas y oré. Entonces le dije: "Ahora hermana, levántese y camine en el nombre del Señor Jesús".

La buena señora se esforzó por levantarse, siempre llorando y orando: "Oh amado Señor Jesús, ten a bien sanarme. Señor, yo sé que prometiste sanarme. Sabes la molestia que he sido a mi familia, y que no puedo hacer nada por mí misma. Amado Señor, hazme el favor de sanarme; sana mis piernas, déjame andar. ¡Ay, ay!”

"Un momento, hermana" le dije "tengo una palabra para usted. Yo puedo ayudarla". Pero sin escucharme, gritaba más fuerte. Volví a decir: "Espere un momento, hermana; tengo una palabra para usted. Puedo ayudarla". Se aumentó su clamor. Por tercera vez yo dije: "Un momento, hermana, un momento. Yo tengo una palabra de Dios para usted. Puedo ayudarla". Ella daba señas de histerismo. Le agarré de los hombros y le di una fuerte sacudida y dije: "Le mando que se calle en el nombre del Señor Jesús". Ella se calló y me miró, pero la muchedumbre puso freno. ¿Sabía usted que un gentío puede ponerle freno? Sin excepción, cuando la muchedumbre le pone freno, no puede usted hacer nada.

Le pusieron freno a Jesús en Su propio pueblo, y El no pudo hacer mucho. La Biblia lo dice. Marcos 6:5 dice: "Y no pudo hacer allí ningún milagro". No dice que no quiso; dice que no pudo. "Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos". En el griego dice que puso las manos sobre unos pocos con dolencias menores. En otras palabras los pocos de Nazaret que Dios sanó tenían simplemente dolencias menores. ¿Por qué? Marcos 6:6 dice: "Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos".

Esta congregación me puso freno, y antes de poder hacer algo, tenía que quitármelos. Si no me libraba, no podría ayudar a la mujer. Si la gente se diera cuenta de eso, ¡qué cambio habría en nuestros cultos y en nuestras iglesias! Tuve que hablar con la gente antes de atender a la mujer. Yo dije: "Algunos pensaron que estaba siendo un bruto con esta mujer".

Algunos alzaron la voz: "Amén, es verdad".

"Ahora quiero hacerles una pregunta, por favor. Si mañana, al usted cruzar la calle un hombre detiene su auto preguntándole cómo se llega a cierto lugar, y después de explicárselo él se da la vuelta para ir en dirección contraria, ¿no trataría usted del atajarlo y ponerlo en el debido camino? Si viera que era forastero, ¿no se esforzaría usted por indicarle el camino correcto?"

"Pues, sí", contestó la audiencia.

"Bueno, esta mujer estaba equivocada. No estaba en camino a la sanidad. Estaba equivocada, y yo no hice más que hacerle parar. Ahora tengo su atención".

No todos, pero suficientes, me quitaron el freno. Les amonesté. "Si quitan el pié del freno un rato, veremos sanada a esta mujer". Me sentí liberado y me volví a la mujer. Pregunté: "Hermana, ¿sabe usted que está sanada?"

Me miró, abriendo los ojos desmesuradamente y dijo: "¿O, sí?"

“Sí", le dije, "está sanada, y puedo comprobárselo en la Biblia". Le alcancé mi Biblia abierta en 1°Pedro 2:24 y le pedí que leyera el versículo en voz alta.

Ella leyó: "Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos al pecado, vivamos a la justicia; y, por cuya herida fuisteis sanados".

"Lea otra vez esa última frase", le dije.

Ella leyó: "Por cuya herida fuisteis sanados".

"Con su permiso quiero hacerle una pregunta. La palabra fuisteis, ¿es del tiempo presente, futuro o pasado?"

"Es del tiempo pasado".

"Si usted fue sanada por las heridas de Jesús, entonces está sanada ahora, ¿no es verdad?"

"Sí, lo estoy"

"¿Hará usted lo que voy a indicarle?"

"Sí, si es fácil".

"Esta es la cosa más fácil que ha hecho en su vida. Alce las manos y los ojos al Señor y comience a alabarle porque está usted sanada, tiempo presente, porque está sanada, no va a estar, está sanada".

Como una niñita alzó los ojos y dijo: "Amado Señor Jesús, me alegro tanto de estar sanada". No había dado ni un paso. No tenía prueba alguna de la sanidad, y sin embargo, dijo: "Me alegro tanto de estar sanada, amado Señor. Tú sabes cuánto me aburrí sentada estos cuatro años. Gracias a Dios, mis rodillas están bien, mis piernas están sanadas. Tengo tanta gratitud".

Entonces dije a la congregación: "Demos gracias a Dios por ella porque está, no va a estar, sino que está sanada". Le fe es del presente. Hay que ponerla en el presente y las cosas saldrán a su favor.

La mayoría de los presentes alzaron las manos y alabaron a Dios con ella porque estaba sanada. Sin duda algunos decían: "No está sanada; no ha caminado; no ha dado ni un paso aún". Pero nuestro texto dice: "Es pues, la fe … la convicción de lo que no se ve". El que espera hasta ver algo para creer, no tiene nada de fe. Me dirigí a ella y dije: "Hermana mía, en el nombre de Jesús levántese y camine". Inmediatamente la mujer brincó del altar como una joven, caminó, saltó, corrió y glorificó a Dios.

Me acuerdo de otra ocasión cuando después de un culto, una señora me dijo: "Hermano Hagin, quisiera que usted se pusiera de acuerdo conmigo. Le oí en su mensaje usar el pasaje de Mateo 18:19: "Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos".

"Muy bien, hermana", le dije, "¿acerca de qué quiere que me ponga de acuerdo con usted?"

“¿Tengo que decírselo?"

"Claro que sí.  No puedo ponerme de acuerdo acerca de algo cuando no sé lo que es. ¿Cómo sería posible?"

"Pues, mi esposo tiene un buen empleo y ha trabajado con empeño, pero por una emergencia hemos prometido pagar dentro de 30 días cien dólares y no los tenemos. No sé de dónde vendrán, pero yo sé que Dios puede ayudarnos y dirigirnos".

"Puede, sin duda. Oremos entonces. Yo voy a orar y usted escuche mi oración y póngase de acuerdo con ella, porque si los dos oramos a la vez, podremos pedir diversas cosas. Pongámonos de acuerdo ahora". Entonces oré y le recordé al Padre que aquí estábamos dos, la hermana y yo, en la tierra, y que El había dicho que si dos de nosotros nos pusiéramos de acuerdo, y lo habíamos hecho, acerca de estos cien dólares que esta señora necesitaba dentro de 30 días, sería hecho. Dije: "Te damos las gracias porque estamos de acuerdo en creer que está hecho. Gracias por ello. Amén".

"¿Está hecho, hermana, está hecho?" pregunté.

Rompió ella a llorar y dijo: "Hermano Hagin, de corazón espero que sí. Espero que sí".

"No está" le dije. "No está porque no estábamos de acuerdo. Usted esperó y yo creí. No hay acuerdo entre nosotros".

Si prestamos completa atención, veremos por qué las cosas no nos suceden. Por cierto no es culpa de Dios que las cosas no resulten, porque Dios nunca falla. Si las cosas no salen bien, no es culpa de Jesús, porque Jesús nunca falla. Dios no cambia, y la oración no le cambia a Dios. El es el mismo antes, mientras y después que usted ora. La oración no cambia a Dios. La oración cambia las cosas pero nunca a Dios. El es siempre el mismo.

Algo que leí años atrás y nunca lo he olvidado, me ha sido de gran bendición a través de los años. Es esto: "Si oro acerca de algo, o pido algo y no lo recibo, hago un cambio, porque algo tendrá que ser alterado antes de verlo contestado. Sé que el cambio no puede ser con Dios, porque con El no lo hay; entonces el cambio tiene que ser conmigo". He seguido este proceder por años y hallo que resulta en el 100% de los casos.

Hemos de darnos cuenta que no podemos sustituir la esperanza por la fe y recibir contestaciones de Dios. No me entienda mal. Si guarda la esperanza en su debido lugar, entonces es una bendición maravillosa y hermosísima, y una realidad para usted. Pablo dijo en 1°Corintios 13:13: "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor". No dijo que las otras cosas no tienen importancia. Dijo que el mayor de los tres es el amor. Pero cada uno de ellos tiene su lugar. No se puede sustituir el amor por la esperanza, y no se puede sustituir la esperanza por la fe.

Sin embargo, al tratar con tantos miles de personas a través de los años, yo sé que la gente generalmente basa su oración en la esperanza en lugar de en la fe. Lo sé por sus mismas palabras. Algunos dicen: "Si me quita la esperanza, no me queda nada".

Mi respuesta es: "No, no le quito su esperanza; le muestro simplemente que éste no es el lugar de la esperanza".

Gracias a Dios que tenemos una esperanza bendita. La bendita esperanza de la iglesia es el regreso eminente del Señor Jesucristo, la resurrección de los salvos, el arrebatamiento de los santos vivos, la esperanza de la Gloria, la esperanza de ver a nuestros amados y amigos. Gracias a Dios por tal esperanza.  Nos regocijamos en ella, pero todo ello está en el futuro. El vendrá si lo creemos o no. Vendrá porque Su Palabra lo dice. La resurrección sucederá, creámoslo o no. Los queridos y los amigos, siendo creyentes, que han muerto y han abandonado este mundo y han ido al cielo, sin mirar el lo que creemos al respecto, están allí, y volverán con El en Su retorno.

Mi fe no es la que hará regresar a Jesús. No puedo creer que El vendrá hoy y así traerle, porque si así fuere, la iglesia podría creer y con ello traerle. Pero El vendrá ¿no es verdad? Sin embargo, esto es en el futuro, porque yo no sé si será hoy, mañana o en la próxima semana que Jesús vendrá. Sí, sé que viene, y sé que ésta es una esperanza bendita. Sé que es una esperanza purificadora, porque San Juan dijo que todo aquel que tiene esta esperanza en El, se purifica a sí mismo, así como El es puro. Como vemos, se trata del futuro; y, así tiene que ser. Al decir que creo que viene, incluyo el creer en lo que dice la Palabra, y esperar porque está en el futuro. Pero si digo: "Creo que voy a recibir la sanidad algún día", no es en verdad creer. Es una esperanza, y ello no me traería la sanidad.

He visto a gente buena morir diciendo eso, creyentes sobresalientes, que están ahora en los cielos. No les quisiera criticar, ya que no entendían la naturaleza de la fe. Decían: "Creo que El me va a sanar". Eso no es fe; es esperanza. Todo lo que señala algo en el futuro, o mira hacia el futuro es esperanza, no es fe.


Tomado del Libro : La Fe lo que es

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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

Un comentario

  1. GABRIELA SANCHEZ

    GRACIAS A DIOS POR TENER HERMANOS QUE NOS ESTAN GUIANDO CONSTANTEMENTE,HOY APRENDI ALGO MUY IMPORTANTE SOBRE LA FE Y YA COMENSE A PONERLA EN PRACTICA!!.QUE DIOS BENDIGA A CADA HOMBRE Y MUJER CONFORME AL CORAZON DE EL.

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