El Llamado de Dios Y La Biblia. ¿Cuando Dios Te Llama?

El Llamado de Dios. ¿Cuando Dios Te Llama?

“…[DEDICAOS] TOTALMENTE A TRABAJAR PARA EL SEÑOR…” (1 Corintios 15:58 PDT)

La carrera es algo que eliges; el llamado es algo que recibes. La carrera es algo que haces por ti; el llamado es algo que haces por Dios. La carrera promete posición, dinero, y poder; el llamado por lo general promete dificultades, sufrimiento y la oportunidad de ser usado por Dios. La carrera suele acabar con la jubilación y un montón de posesiones; el llamado no acaba hasta que te mueras. La carrera puede ser interrumpida por acontecimientos inesperados pero Dios te ayuda a cumplir el llamado aún en las circunstancias más difíciles. Para algunas personas de la Biblia obedecer el llamado de Dios significó vivir como esclavos, ser capturados y enviados al exilio, y hasta ser sacrificados. La trayectoria de sus carreras no fue muy prometedora, y sin embargo cumplieron su llamado de manera extraordinaria.

Chuck Colson tuvo una de las carreras más prominentes de los Estados Unidos. Gozó del privilegio de tener acceso al poder y a la influencia de la Casa Blanca bajo la presidencia de Nixon, y sin embargo acabó en la cárcel. Su carrera concluyó ahí, pero su llamado no hizo más que comenzar. Su misión consistió en alcanzar a otros como él. Colson reflexiona posteriormente: “El verdadero legado de mi vida fue mi mayor fracaso: ser un expresidiario. Mi gran humillación —la condena a cárcel— fue el principio del uso extraordinario que Dios hizo de mi vida; Él tomó esa experiencia de la que no me podía gloriar y la usó para Su gloria”. En la providencia de Dios, el final de tu carrera puede ser el principio de Su llamado. Por lo tanto, sea lo que sea que Dios te haya encomendado, la Biblia exhorta: “…[Dedicaos] totalmente a trabajar para el Señor, bien [sabéis] que [vuestro] trabajo no es en vano” (1 Corintios 15:58 PDT)

“DIOS TRABAJA DE MANERAS DIFERENTES…” (1 Corintios 12:6 NTV)

Los alfareros experimentados saben que cuando presionan la arcilla esta tiende a subir, lo que les da una indicación de lo que pueden y no pueden hacer con la pieza. Los inexpertos a menudo carecen de ese discernimiento —y el resultado final lo demuestra—. Cuando no respetas la materia prima la realidad se convierte en tu enemigo. La palabra “vocación” se deriva de un vocablo latino que significa “voz”. Descubrir tu llamado implica escuchar con atención. Si cierras tus oídos y prosigues algo para lo que no eres llamado ni estás capacitado acabarás viviendo con una ansiedad que te susurra: ‘Estás intentando hacer algo que Dios no te pidió’. La valentía de reconocer lo que no eres te traerá gran libertad; el hacer caso omiso de ello te aprisionará. Parker Palmer escribe: “No puedes elegir tu llamado; tienes que dejar que tu vida hable por sí sola”

Tal vez fuiste creado para aprender, y al hacerlo otros se benefician. Si es así, te gustará leer, reflexionar, escribir y enseñar. Sin embargo si estás convencido (o dejas que otros te convenzan) de que debes triunfar en los negocios para que tu vida cuente, estarás nadando a contracorriente de lo que marcan tus inclinaciones. Aprende a dirigir al caballo en la dirección en la que quiere ir. El filósofo Mortimer Adler afirma que las mentes más brillantes han sido llamadas a sentarse a la mesa de lo que él denomina “la gran conversación de la raza humana”. ¿Sabes una cosa? El 99% de nosotros nunca estará sentado a esa mesa. Sin embargo todos podemos anhelar el elogio del Señor cuando nos diga las palabras “…bien hecho, mi buen siervo fiel…” (Mateo 25:21 NTV) que Dios promete a aquellos que escuchan su llamado, lo aceptan y dedican la vida a cumplirlo.

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“EL SEÑOR … LLAMÓ POR TERCERA VEZ A SAMUEL…” (1 Samuel 3:8)

No llegamos a este mundo con el llamado definido y los dones desarrollados. Discernir el llamado de Dios requiere por lo general varias intentonas y algunos fracasos. Él llamó a Samuel cuatro veces antes de que el joven reconociera la voz divina. Antes de caminar sobre las aguas Pedro dijo: “…—Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y [Jesús] dijo: —Ven…” (Mateo 14:28-29). Puedes aprender algo de esto. Tú no tienes la capacidad de andar sobre el agua; Jesús te la da. El fin de tu llamado no es tener poder a tu disposición y usarlo cuando quieras para hacer lo que te plazca. Antes de decidir salir del barco tienes que estar seguro de tu vocación personal, y convencido de que es Jesús quien te llama.

Dios busca en las personas mucho más que impulsividad. A veces tomamos decisiones temerarias en el ámbito de las relaciones, las finanzas o el trabajo y luego las disfrazamos con una capa de espiritualidad. En muchos libros de superación personal se valora el riesgo como algo positivo; pero como cristiano, los riesgos que aceptes tienen que ser una respuesta directa a lo que Dios te indique. Si eres de esos a quienes les gustan las emociones fuertes tal vez esta sea un área problemática. El aburrimiento te puede hacer vulnerable e incitarte a resolver tu problema tomando decisiones precipitadas que no están en consonancia con la voluntad de Dios. Existe una línea divisoria muy sutil entre “No debes temer” y “No debe ser estúpido” y a veces confundimos los dos conceptos. Saber cuándo salir del barco y arriesgarse no solamente demanda coraje, también requiere sabiduría para plantear las preguntas adecuadas, discernimiento para reconocer la voz del Maestro y paciencia para esperar hasta que Él diga “Ven”.

“…LO QUE AHORA SUFRIMOS NO ES NADA COMPARADO CON LA GLORIA QUE ÉL NOS REVELARÁ MÁS ADELANTE” (Romanos 8:18 NTV)

A veces vemos el llamado de Dios en nuestra vida de color de rosa. Pero oír Su llamado no es lo mismo que conseguir el trabajo de tus sueños. Cuando Dios llamó a Jeremías a predicar a un pueblo que no quería escuchar, este lloró tanto que se ha ganado el apodo de “el profeta llorón”. Nuestra primera reacción a una tarea encomendada por Dios es generalmente de temor. Henry Blackaby escribe: “Algunas personas dicen ‘Dios nunca me va pedir hacer algo que no pueda cumplir’. Con los años he llegado a la conclusión de que si la tarea que siento que Dios me está encomendando es algo que puedo manejar solo, probablemente no venga de Él. Las misiones que el Señor encarga en la Biblia son siempre tareas gigantescas, a la medida de Dios, y están muy fuera del alcance de lo que los humanos pueden hacer solos, porque Él quiere demostrar Su naturaleza, Su fortaleza … Su bondad … a un mundo que nos está observando”.

Aceptar el llamado de Dios significa a menudo esforzarse y dedicarle muchas más horas de las que desearías. Y no siempre recibes la recompensa y el reconocimiento que habrías esperado. Algunos no estarán de acuerdo con lo que haces y tratarán de estorbarte. También requerirá cometer algunos errores, tener falsos comienzos y aprender de ellos. El talento natural por sí solo no es suficiente para cumplir tu llamado. Para llevar a cabo lo que Dios pide de ti necesitarás ideas, fuerzas y creatividad por encima de tus propios recursos. Pablo dice: “…Somos colaboradores de Dios…” (1 Corintios 3:9), porque para tener éxito tienes que hacer las cosas junto con Él. No solamente te llamaba a trabajar para Él; te llama a que trabajes con Él.

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