También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre,y no desmayar.Lucas 18:1



Un singular lugar de oración

Un soldado fue acusado de haber tenido contacto con el adversario. Había sido visto en un lugar donde patrullaban las tropas enemigas. Cuando el hombre fue llevado ante el oficial competente, se defendió explicando que se había alejado de su compañía para estar solo y orar un rato.

– ¿Está usted acostumbrado a hacerlo?, preguntó el oficial.

– Sí, le confesó el soldado.

– Entonces empiece a orar, le ordenó el oficial, porque no creo que en toda su vida usted haya tenido más necesidad de hacerlo como ahora. ¡Arrodíllese y ore en voz alta para que podamos oírlo!

El soldado, que sólo esperaba ser fusilado inmediatamente, cayó de rodillas y se desahogó ante Dios. Sus serias palabras, su sencilla súplica por la ayuda divina y su confianza en quien lo podía salvar probaron que para él la oración era algo real y acostumbrado.

Finalmente el oficial le dijo:

– Puede irse. Nadie es capaz de orar así sin haberlo hecho durante años. Del mismo modo, los soldados que no participen de los ejercicios militares tendrán grandes dificultades en el desfile.

Acerca del profeta Daniel leemos que, a pesar de la prohibición del rey Darío, se arrodillaba tres veces cada día ante Dios en su habitación, con las ventanas abiertas, y oraba según su costumbre (Daniel 6:10).

¿Qué lugar tiene la oración en nuestra vida? Debería ser parte integrante de ella; el lenguaje de nuestras oraciones debería ser muy natural, como el de quien está acostumbrado a hablar con Dios.

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