Sois esclavos de aquel a quien obedecéis,sea del pecado para muerte,o sea de la obediencia para justicia.Romanos 6:16.

Estad, pues,firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.Gálatas 5:1.

 

El cristianismo, ¿una alienación?

 

Se escribió mucho acerca de las alienaciones del hombre, es decir, acerca de todo lo que es considerado como una traba a la libertad humana, entre otras el cristianismo, al que llamaban «el opio del pueblo». Para combatir esta última «alienación», varios Estados encarcelaron o mataron a millones de personas.

Jesús habló de la más poderosa y verdadera alienación: la esclavitud del pecado. “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). “El que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció” (2 Pedro 2:19). Esta esclavitud se manifiesta de diferentes maneras: – Esclavos de las pasiones y de diversas codicias de las que nos volvemos dependientes: – Esclavos de leyes o reglas morales que los hombres se han forjado, pero que pueden llegar a ser cadenas: – Esclavos de lo que piensan los demás, de quienes nos hacemos prisioneros a fuerza de querer dar una buena imagen de nosotros mismos.

Aunque es esclavo de un amo cruel, el hombre se cree libre. Jesucristo quiere mostrarle su error no para condenarlo, sino para ofrecerle la verdadera libertad, la liberación de sus pecados; por eso nos dice: “Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Él es el gran Libertador porque “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6).

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