el_arbitro

 

No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos. Job 9:33.

 

 

El árbitro – Devocional Diario

 

Cuando Job pensaba, por una parte, en la justicia y la santidad de Dios, y por la otra, en su propio estado, llegaba a esta conclusión: No hay nadie que pueda mediar entre Dios y el hombre.

Sin embargo, en la epístola a Timoteo el apóstol Pablo afirma que hay un mediador entre Dios y el hombre. Es Jesús, el Hijo de Dios que fue hecho hombre.

Job sabía que tal árbitro debía responder a las exigencias de Dios y a las necesidades del ser humano.

Sólo Jesucristo cumple tales requisitos. Él se hizo hombre para poder tomar nuestro lugar ante Dios. Él se identificó con nosotros. Él, que era perfecto, (absolutamente sin pecado) llevó nuestros pecados, y por nosotros fue hecho pecado. Él puso, pues, “su mano sobre nosotros” y tomó nuestro lugar al ser hecho nuestro sustituto.

A pesar de haberse encarnado, el Señor Jesús siguió siendo lo que siempre había sido: el eterno Hijo de Dios. Cuando vivió aquí en la tierra, Dios testificó de él: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Y Jesús podía decir: “El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29). Así, se hizo hombre, sin dejar de ser Dios, el Hijo. Por consiguiente, es el único Árbitro entre Dios y el hombre.

¡Qué maravillosa persona; que para Dios es suficiente y para nosotros la ayuda que necesitamos! Él es “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

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