Devocional – ¿Dónde estás Tú?

Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo,porque estaba desnudo; y me escondí.Génesis 3:9-10.

¿Dónde estás?

Era hora de partir. El auto estaba cargado y cada uno iba a despedirse de los abuelos. Pero Dorian, un pequeño de cinco años de edad, no aparecía. Lo buscamos por todas partes, llamando: -Dorian, ¿dónde estás? ¡Contéstanos!

La pregunta: ¿Dónde estás? pasó de boca en boca con una angustia que fue creciendo hasta el momento en que alguien descubrió al niño en el jardín, acostado en la hierba y mirando pasar las nubes.

«¿Dónde estás tú?», preguntó Dios a Adán cuando éste intentó esconderse. A menudo nosotros también tratamos de alejar a Dios de nuestra vida; obrando así, nos extraviamos. Dios no cesa de decirnos: ¿Dónde estás? Lo hace por medio de su Espíritu que trata de llamarnos la atención y también mediante las dificultades que atravesamos.

Para oír la voz de Dios es necesario alejarnos de todas las distracciones, de las corrientes ideológicas etc., a fin de formularnos seriamente la pregunta: «¿Qué es el hombre?» (Salmo 8:4), es decir, ¿quién soy yo?

En lugar de huir cabizbajo hacia un porvenir desconocido y aterrador, detengámonos y pidámosle al Señor que se revele a nosotros. Él contesta las oraciones. Entonces nos hará conscientes de nuestro alejamiento de él, de nuestras faltas y de nuestra perdición.

Al volver a Dios, hallamos al Padre y descubrimos que ese Dios a quien quisimos olvidar nos ama, nos busca y nos espera con los brazos abiertos.

2 COMENTARIOS

  1. Amado Edwin,

    Agradezco tu honestidad y tu preocupación por los males que vemos en el mundo. Comparto tu preocupación por la pobreza, la desigualdad, la intolerancia y todos los demás problemas que mencionaste. Estos males son reales y causan un gran sufrimiento a muchas personas.

    Es comprensible que puedas cuestionar la existencia y la presencia de Dios en medio de tanta desgracia. Aunque, quiero animarte a considerar algunos puntos importantes.

    En primer lugar, debemos reconocer que el mal en el mundo es resultado de la libertad que Dios nos ha dado como seres humanos. El libre albedrío implica que podemos tomar decisiones que tienen consecuencias tanto positivas como negativas. Muchos de los males que mencionaste son resultado de decisiones humanas basadas en la codicia, el egoísmo y la falta de amor hacia los demás.

    En segundo lugar, aunque el mundo está lleno de sufrimiento y maldad, Dios no está indiferente a nuestro dolor. La Biblia nos enseña que Dios es compasivo y está cerca de los quebrantados de corazón. Él se preocupa por la justicia y el bienestar de todas las personas. A menudo, Dios trabaja a través de personas comprometidas para traer alivio y transformación en medio de la oscuridad.

    En tercer lugar, es importante recordar que Dios nos ha dado la responsabilidad de cuidar y proteger la creación. El problema del capitalismo salvaje y la explotación de la naturaleza es, en parte, el resultado de nuestra negligencia y falta de responsabilidad. Como seres humanos, debemos buscar un equilibrio entre nuestras necesidades y el cuidado de nuestro entorno.

    Por último, el perdón y la redención son regalos que Dios ofrece a todos. Aunque no nos merezcamos su perdón, él nos ama incondicionalmente y está dispuesto a perdonarnos y transformar nuestras vidas. La respuesta al mal en el mundo no está solo en culpar a Dios, sino en buscar su guía y trabajar para ser agentes de cambio en nuestra sociedad.

    Te animo a no perder la esperanza y a buscar formas concretas de hacer la diferencia en tu entorno. El amor, la compasión y la justicia son valores que podemos vivir y promover en nuestra vida diaria. Juntos, podemos trabajar para construir un mundo mejor y reflejar el amor de Dios en medio de la adversidad.

    Que encuentres paz y sabiduría mientras reflexionas sobre estas cuestiones.

    Mil Bendiciones.

  2. Yo no veo a Dios en un mundo que se consume en la desgracia. Un mundo donde domina el mal: pobreza, desigualdad, intolerancia, banalidad, discriminación , racismo, delincuencia, guerras, delitos contra la naturaleza y la vida, dictaduras, codicia de dinero y poder y más. Males que superan todas las perversidades de un Satán, frente a un Dios indiferente.
    Acabamos con el mundo con este capitalismo salvaje que se traga a la naturaleza y las esperanza. Si Dios existe, no nos merecemos el perdón.

    ¡¡Somos nuestro propio apocalipsis!!