devocionales-caminos-romaReflexiones Cristianas – Todos los Caminos Llevan A Roma… ¡Solo A Roma!

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Fue preguntado a un monje budista, en el Templo, que conocía tanto el Cristianismo como el Budismo, cual él creia ser la diferencia entre las dos religiones. Él contestó: “existen muchas cosas buenas en cada una de ellas, y, probablemente, en todas las otras religiones. Pero, para mí, lo que parece ser la mayor diferencia es que ustedes, cristianos, saben lo que es verdad y tienen poder para hacerlo. Nosotros, budistas, sabemos lo que es verdad, pero, no tenemos tal poder”.

Esto es verdad, porque ninguna otra religión tiene como fundador, Dios, que se tornó hombre, y que al volverse hombre encarnó la gracia y la verdad de Dios. Cuando Cristo, entonces, entra en nuestra vida, nosotros nos quedamos llenos de gracia y verdad. No es nuestra gracia y verdad, pero, de él, para poder habitar en nosotros.

Es maravilloso saber que somos hijos de Dios. Él nos ama, nos perdona, nos protege y nos guía por el camino de la verdad y de la felicidad. En Su presencia estamos siempre alegres y, por Su gracia, sabemos lo que es verdad y lo que es equivocado, pudiendo, así, arar caminos apenas de bendiciones.

Nuestro Dios es verdadero, y, lo más importante, está vivo.
Resucitó para guiarnos a la vida eterna. Él venció la muerte para que nosotros también a venciésemos. Derrotó el pecado para que nosotros, sus discípulos, pudiésemos también derrotarlo. Todo es posible para Él y todo es posible para nosotros, que creemos plenamente en él.

Jesus, nuestro Señor y Salvador, es el Camino. No un camino alterno, pero, el verdadero y único camino. Dicen, popularmente, que “todos los caminos llevan a Roma”. Es posible que el dictado esté correcto, pero, no puede ser aplicado a la salvación y al Cielo de gloria. Los otros caminos pueden llevar el hombre a varios lugares, pero, solo el Señor es el Camino para la vida eterna.

Para donde usted anhela seguir: ¿para Roma o para el Cielo?