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¿Cuáles Son Las 3 Marcas De La Presencia De La Guía Del Espíritu Santo En tu Sermón o predica?

¿Cuáles Son Las 3 Marcas De La Presencia De La Guía Del Espíritu Santo En tu Sermón o predica?

Como pastores o ministros de Dios, deseamos y disfrutamos de la presencia de Dios en nuestros sermones y predicaciones. Quiero creer que es así, y la mayoría de nosotros concuerda.

El Espíritu de Dios nos ayuda en proceso de selección y preparación del sermón, así como a predicarlo con su presencia. Él no nos deja solos, y siempre está allí acompañándonos en el camino.

Una predicación o sermón está compuesto por varias partes: El tema que vas a predicar, cuando sé ira a predicar, y el cómo se va a predicar el sermón. La verdad es que hay muchas cosas envueltas en el proceso de la preparación, pero no debemos olvidar que lo más importante es la presencia del Espíritu Santo. ¿Deseas que él te guie en tu predicación?

En repetidas oportunidades escribiste con mucho cuidado un sermón, pero al momento de predicarlo, como que no había conexión o falto poder. Tal vez empezaste bien no obstante, en algún momento te desconectaste del Espíritu Santo. También es posible que al subir a predicar, no estabas bien preparado, sin embargo, fuiste llevado a ministrar con poder por el Espíritu Santo. Lo que tienes que saber es, que no eres tú o el sermón y si, el poder que viene de Dios y no de nosotros.

Ser guiado y responder al Espíritu de Dios, es una de las más grandes realizaciones para un pastor que predica la palabra. Percibir a Dios fluyendo por medio de tus palabras para dar luz a su iglesia, no tiene precio. Predicar guiado por el Espíritu Santo, solo depende de la fe que tengamos en la palabra de Dios.

La fe en Dios para predicar es saber que Él está allí cuando predicas su palabra. Dios te acompaña desde el principio del sermón hasta la finalización del mismo. Hay momentos en que nos comportamos como los deístas, proclamando ideas teológicas sin valor y con cierto rechazo a la presencia de Dios.

En lugar de esto debemos vivir, preparar y proclamar nuestras prédicas por la fe y siguiendo el divino fluir de Dios en nuestros mensajes.

El Espíritu Santo de Dios nos lleva a los versículos que desea que prediquemos, él nos da la luz y el entendimiento para comprender su palabra revelada. Así como él quiere que la apliquemos a nuestra propia vida y a la de los demás. Muchos pueden pensar que no, pero Dios a veces nos da, hasta las ilustraciones para comunicar mejor el mensaje. Incluyamos a Dios en el proceso de predicar, desde el principio hasta el final del sermón. Es tremendo y poderoso seguir el divino fluir de Dios cuando predicas.

Lo terrible es apartarnos del Señor cuando predicamos su palabra, e intentamos ir por nuestro propio camino sin depender de Él. Porque el poder no está en nuestra inteligencia, o en tener el mejor mensaje, o ilustración. Todas estas cosas son buenas, pero no se comparan a su presencia y su guía cuando transmitimos el sermón.

Las prédicas que transforman son aquellas donde la presencia de Dios está presente. Dios se hace presente cuando predicas por la fe y dependes totalmente de Él. Podemos preguntar antes de predicar: ¿Qué quiere decir este versículo? ¿Cómo puedo transmitirlo? ¿Cómo puedo aplicarlo a mi propia vida? Dame Señor una historia o ilustración que sea la correcta para esta ocasión. Esta conversación con Dios nos da más seguridad y confianza, de esta manera conseguiremos ver el camino por el cual Dios desea llevarnos en la ministración.

¿Cuáles son las marcas de la guía del Espíritu Santo en nuestros sermones? Hoy deseo dejarte las 3 más importantes:

El Espíritu Santo Siempre Exaltará a Jesús

Lo vemos animándonos para hacer lo mismo en nuestro sermón, exaltar a Jesús es una de las obras del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo Ama la Palabra de Dios

Lo vemos dirigiéndonos a la Palabra, dando testimonio de las verdades que estamos enseñando a través de múltiples versículos bíblicos de confirmación.

El Espíritu Santo Es Poderoso

Cuando nos guía, también nos imparte su poder para que con él logremos cosas que simplemente no podrían acontecer sin él.

Cuando respondemos a la guía del Espíritu Santo en nuestra predicación, veremos que nuestra predicación está marcada por estas características.

Jesús es el mejor predicador

Jesús es el mejor ejemplo cuando hablamos de predicar bajo la guía del Espíritu Santo. Mira lo que la Biblia dice: «Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente» (Juan 5:19).

Si queremos predicar como Jesús, debemos reconocer lo que Jesús reconoció: No podemos hacer nada, al menos nada que cuente, por nosotros mismos. Podemos predicar en la carne, sin satisfacción y sin poder. Hacemos bien en recordarnos a nosotros mismos que «todo lo que no proviene de la fe es pecado». Debemos predicar por la fe. Debemos predicar desde una conexión con Dios.

Existe la tentación de apoyarse en la ilustración más que en Dios

La experiencia nos enseña que aún en la mejor de las ilustraciones, el poder siempre viene de Dios y Él usa nuestra fe cuando lo incluimos y obedecemos en nuestro mensaje. Pero, nuestra meta es por fe, seguir el camino de la guía de Dios por su precioso Espíritu. Cuando hacemos esto, tanto los que nos escuchan como nosotros mismo vamos a experimentar un poder transformador de Dios.

Una vez más, Jesús fue enfático en confiar en Dios en su predicación

Dijo: «Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada» (Juan 8:28-29).

¡Qué tremendo es decir y hacer lo que le agrada a Dios!

«El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida»(Juan 6:63).

Cuando prediquemos a otros sobre el seguir la guía de Dios, mantengámonos íntegros y obedientes a su palabra en nuestra propia vida. Nota, que lo que hacemos en nuestras vidas es reflejado nuestros mensajes, así que la santidad al Señor es básica e importante.

Que El Señor nos ayude a conectarnos con Él por la fe en este importante ministerio que es predicar. Dios es nuestro maestro y fácilmente puede mostrarnos como hacerlo con excelencia.

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