Viernes 19 de Agosto del 2005

 

 

Juan 12:35

El que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.

 

Una segura esperanza

En vista del hecho de que se debe morir, muchas personas se consuelan con este pensamiento: “Con la muerte se acaba todo”. Un célebre presentador de televisión no estaba tan seguro de ello, pues poco antes de su muerte en 1998 dijo: “No sé a dónde voy, pero no voy sin esperanza”. Así expresaba su creencia en una existencia después de la muerte.

En esta declaración también se menciona la esperanza. Pero no parece haber sido una esperanza con mucho fundamento. Muchas personas, ante todo las que se llaman a sí mismas cristianas, opinan que son bastante buenas como para ir al cielo. Sin embargo, no tienen una real certeza.
Pero, ¿verdaderamente podemos saber adónde vamos después de morir? Seguramente quienes creen en una vida después de la muerte quisieran saberlo. El único que puede decir con toda seguridad adónde iremos es Dios. En su Palabra lo expresó de esta manera: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Lo decisivo es la fe en el Hijo de Dios, otorgada a todo aquel que acude a él confesando sus pecados. “Dios… nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación (o expiación) por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).

Amigo lector, no busque en otro lugar la certeza de su eterno porvenir. Acepte el gran ofrecimiento de Dios y crea a su Palabra. Entonces podrá decir: Sé adónde voy y tengo una segura esperanza.

 

 

 

 

 

© Ediciones Bíblicas “La Buena Semilla” 1166 PERROY (Suiza)

 

 

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