LA BIBLIA ROTA 3

“Yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.” Apocalipsis 2:23.

Terminado el día, Juan Moulton tuvo que anotar las cifras de venta del día y sacó de su bolsillo la página de la Biblia que el campesino se negó a recibir cuando compró las nueces. Juan se dio tiempo para leer una y otra vez las palabras de Daniel 12:13. “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y tú levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Daniel 12:13). Como brazas ardientes, las palabras quemaban en su corazón y en esto llegó la señora. Había estado tan preocupada por que Juan se tardaba en llegar. Lo vio sentado en su escritorio, su cabeza agacha. Sintiendo el golpe en la puerta, Juan Moulton se levantó para abrir. Sin decir nada, le mostró el último versículo de Daniel cuyas letras parecían resaltar de la página. Con voz temblorosa, Juan dijo a su señora: “Mi hija, ¿Qué será mi heredad al fin de los díasí” “No me preguntes a mí Juan, yo no te puedo ayudar” respondió ella. “Mire”, dijo él, “hay unas referencias aquí. Dice Isaías, y Salmos y Apocalipsis. Por que no consultamos”.

La señora trajo la Biblia mutilada y se pusieron a escudriñar. Si él sabía poco de la Biblia, ella menos. Buscaron mucho tiempo, y no encontraron Isaías ni los Salmos. Seguramente, alguna mercadería había salido del almacén envuelta en estas páginas que ahora con ahínco buscaban. Pero encontraron el Apocalipsis y ansiosamente los dos leyeron: “Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Si, dice el Espíritu, descansarán se sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”. (Apocalipsis 14:13.)

Mirando fijamente a su señora, Juan Moulton confesó, “Yo no tengo ninguna obra que querría que me siguiera. Por lo poco que he leído en esta noche, estamos entre aquellos que “serán despertados,… para vergüenza y confusión perpetua”. (Daniel 12:2). “Yo no sé Juan”, y la mujer comenzó a llorar, “pero yo creo que ésta es la Palabra de Dios y podemos aprender algo de lo que quede del libro”. “Mi hija, vamos a estudiar este libro con cuidado y así estaremos listos para morir y tendremos una heredad bendita”.
Juntando las hojas que quedaban, Juan Moulton llevó la Biblia a la casa. Es maravillosa como el Soberano Dios puede ubicar a las almas y hacerles entender que sin Cristo como Salvador, están perdidas. Dios supo ubicar a Saulo de Tarso cuando iba a perseguir a los cristianos. Dios supo ubicar a algunos que leen estas líneas y ellos nunca dejan de agradecer a Dios por su bondad y paciencia. Gracias a Él pues el que dijo: “Yo soy el que escudriña la mente y el corazón.” Apocalipsis 2:23. –(Continuará) Tr.DAJ