SUEÑOS DE AMOR

En un sueño que parecía real, una mujer se encontró en un diálogo con Dios acerca del amor y el sufrimiento que causa en muchas personas. Ella estaba confundida y decidió preguntarle a Dios por qué tantos seres sufren por causa del amor. Dios respondió con una sonrisa y su voz tibia y suave, diciéndole que los hombres sufren por su supuesto amor porque quieren sufrir, pues no saben amar y disfrazan otros sentimientos, llamándolo amor.

La mujer seguía pensando en su pregunta y decidió preguntar a Dios por qué los hombres no saben amar. Dios respondió de manera simple, diciendo que si supieran amar, no sufrirían, ya que el amor verdadero que nace en el corazón siempre se alegra, incluso cuando el ser amado se aleja para cumplir sus sueños. Dios explicó que el amor verdadero no exige, no pide, no desea, no impone, no cela, no condena y no daña. El amor de verdad no es el que uno recibe, sino el que se da a los semejantes. Pocos humanos en todos los tiempos han sido capaces de amar a un semejante sin pretender tenerlo siempre en su poder y sin intentar obligarlo. Son muchos los que manipulan con la excusa del amor, pero pocos entregan todo sin más ni más.

La mujer siguió preguntando a Dios y le preguntó por qué en tanto tiempo los humanos no han aprendido a amar. Dios le respondió que los seres humanos están dormidos esperando sólo recibir y se han olvidado de dar. Están confundiendo pasión, deseo, atracción, necesidad y afecto con amor de verdad. Si tan solo liberaran sus cuerpos de las pasiones, podrían ver con claridad y serían entonces felices.

La mujer hizo una última pregunta a Dios y le preguntó por qué Él no les enseña la manera de amar. Dios le respondió que ya lo hizo, pero lo más triste para Él es que, aún cuando les mandó latente un ejemplo a seguir, lo condenaron, lo crucificaron y lo olvidaron. No entendieron, ni siquiera en ese momento, cómo es el amor de verdad. Dios dejó en claro que si no los amara, no les habría permitido esa forma de actuar.

Este diálogo en el sueño de la mujer es una reflexión profunda acerca del amor verdadero y cómo los seres humanos han malinterpretado este sentimiento y lo han confundido con otros sentimientos. Es importante recordar que el amor verdadero es el que se da sin esperar nada a cambio y sin pretender tener a la otra persona siempre en su poder. El amor verdadero es el que libera y hace feliz. Es una lección que debemos tener presente en nuestra vida cotidiana y aprender a amar como Dios nos ama. La Biblia dice en 1 Corintios 13:4-7: «El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. El verdadero amor no busca engañar ni manipular, sino que se regocija con la verdad. Es por eso que en la Biblia se nos dice que el amor todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. (1 Corintios 13:7).

Amar a los demás de la manera en que Dios nos ama es un desafío constante. Es fácil amar a aquellos que nos aman, pero es difícil amar a aquellos que nos hacen daño. Sin embargo, Dios nos llama a amar incluso a nuestros enemigos, y a orar por aquellos que nos persiguen (Mateo 5:44).

Es importante entender que el verdadero amor no es un sentimiento pasajero, sino una elección consciente que se refleja en acciones concretas. Jesús mismo nos dio el ejemplo de esto cuando se ofreció a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados. Él no sólo dijo que nos amaba, sino que demostró su amor en la cruz del Calvario.

Si queremos amar como Dios nos ama, necesitamos estar dispuestos a sacrificar nuestras propias comodidades y necesidades por el bienestar de los demás. Debemos buscar su bienestar, y no sólo el nuestro propio. Debemos ser pacientes, amables, no envidiosos, no jactanciosos, no orgullosos, no egoístas, no irritables, no resentidos, no injustos, sino que debemos alegrarnos en la verdad y proteger, confiar, esperar y perseverar en el amor (1 Corintios 13:4-7).

En conclusión, el amor verdadero es un don de Dios, que se nos ha dado para compartir con los demás. Si queremos aprender a amar como Dios nos ama, necesitamos buscar su guía y fortaleza, y estar dispuestos a seguir su ejemplo de amor incondicional y sacrificial.

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