EL TIEMPO ES LA MEJOR EXPRESIÓN DE AMOR

Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que estamos dispuestos a dedicarle.  Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros.  Si quieres conocer las prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.

El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo.  Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar.  Nuestro tiempo es nuestra vida.  El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo.

No es suficiente decir que las relaciones son importantes; debemos demostrarlo en acciones, invirtiendo tiempo en ellas.  Las palabras por sí solas nada valen:  “Hijos míos, no solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos” 1 Juan 3:18.  Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así: 

“T – I – E – M – P – O”.

La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás, antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos.  A los hombres, en particular, les cuesta entender esto.  Muchos me han dicho:  “No puedo entender a mi esposa ni a mis hijos.  Les proveo todo lo que necesitan.  ¿Qué más quieren?”  ¡Te quieren a ti! Quieren tus ojos, tus oídos, tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés:  tu tiempo.  No hay nada que pueda suplir eso.

El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces.  Es brindar tu concentración.  El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se olvida quién es.  La atención dice:  “Te valoro tanto que te entrego mi bien más valioso:  mi tiempo”.  Siempre que dediques de tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la esencia del amor. Jesús nos dejó el ejemplo:  “Estén llenos de amor hacia los demás; sigan en esto el ejemplo de Cristo, quien nos amó y se entregó en sacrificio a Dios por nuestros pecados” Efesios 5:2.

Es posible dar sin amar, pero no se puede amar sin dar.  “Tanto amó Dios al mundo, que dio… ” Juan 3:16.  Amar es entregarse:  dejar de lado mis preferencias, comodidad, objetivos personales, seguridad, dinero, energía y tiempo para el beneficio de otra persona.