"¿Por favor, Va o No Va?"


"Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él" (Proverbios 22:6).

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Un pequeño niño con ojos brillantes y rostro incandescente dice a su padre: "Está en la hora de la Escuela Bíblica.

Vamos papá.  No podemos llegar atrasados." "OH, no," dijo el padre, "hoy No.  Trabajé duro la semana toda; necesito descansar por lo menos un día.  Estoy yendo para el riachuelo.  Allá puedo pescar, relajar y descansar.  Vaya a brincar y no me moleste.  Iremos a la iglesia cualquiera otro día." Los meses y años pasaron y aquel padre no más oyó el pedido: "por favor, papá, ¡vamos a la Escuela Bíblica!" Los años de infancia se quedaron detrás y aquel padre envejeció.  Ahora él halla tiempo para ir a la iglesia, pero ¿qué hace su hijo ?  "Mira, viejo, pasé la noche toda en claro, divirtiéndome, bebiendo con los amigos.  Debe estar loco queriendo que yo vaya ahora para la iglesia." El padre, levanto la mano trémula para enjugar las lágrimas que ruedan de sus ojos y, nostálgico, parece ver claramente el rostro incandescente de su hijo levantado en su dirección y también su voz resonando por los años: Papá, está en la hora de la Escuela Bíblica.  Por favor, ¿usted va o no va?"

¿Que ejemplo hemos dado a nuestros hijos mientras son pequeñosí  ¿Les hemos proporcionado la alegría de crecer en la presencia de Dios, recibiendo, desde bien jóvenes, las enseñanzas y las bendiciones del Señor?  ¿Hemos nos preocupado con sus vidas, desde la infancia, para que tengan placer en las cosas celestiales y no se dejen seducir por los engaños y trampas del mundo?

Cuando somos negligentes con las atenciones que debemos tener con nuestros hijos, olvidando de nuestras obligaciones, podemos, como el padre de nuestra ilustración, arrepentirnos amargadamente en el porvenir.

Cuando nos dedicamos a enseñar a nuestros hijos el camino del Señor, crecen de forma sana, valorando sus vidas y difícilmente se desvían para caminos malos.  Más tarde, cuando envejezcamos, podremos exhibir una ancha sonrisa de victoria, ciertos de que nuestros amados fueron y continuarán siendo felices y bendecidos como nosotros.

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