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Reflexión: No seas tan duro contigo mismo

Reflexión: No seas tan duro contigo mismo

YO MISMO NO PRETENDO HABERLO YA ALCANZADO; PERO “OLVIDANDO CIERTAMENTE LO QUE QUEDA ATRÁS Y EXTENDIÉNDOME A LO QUE ESTÁ DELANTE” (Filipenses 3:13)

Un niño llegó a casa un día con toda la ropa manchada de barro, así que su mamá lo mandó al sótano a cambiarse y poner la ropa en la lavadora. Más tarde, pensando que todo estaba muy silencioso, la madre gritó: “Venga hijo, espero que no estés por ahí en el sótano corriendo en paños menores”

Imagina la vergüenza que pasó cuando una voz extraña de hombre replicó: “No señora, estoy aquí arreglando la caldera.”

El apóstol Santiago dice: “Todos fallamos mucho” (Santiago 3:2 NVI). La clave está en aprender a perdonarte a ti mismo. A menudo somos culpables de hacer algo mal pero con buenas intenciones. ¿Recuerdas la famosa torre inclinada de Pisa, en Italia? El arquitecto que la creó hizo unos cimientos de poco más de 3 metros para un edificio de unos 60 metros de altura.

¿Te imaginas esto en tu currículum vitae? El Apóstol Pablo dijo: “Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero “olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante” (Filipenses 3:13)

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Reflexión: No seas tan duro contigo mismo

Escribe Chuck Swindoll:

Preséntame a la persona que escribió las reglas del perfeccionismo, y seguro que es alguien que se muerde las uñas, con tics faciales, cuya esposa teme que llegue a casa.

Dios dice:

“Yo” soy quien borro tus rebeliones y no me acordaré de tus pecados (Isaías 43:25). Si Dios está dispuesto a perdonar tus errores, y hasta enterrarlos, ¿no es hora de que dejes de castigarte, recibas su gracia y sigas adelante?