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La Vara de Dios Según La Biblia

LA VARA DE DIOS

Al mandato de Dios, Moisés salió a cumplir su destino como el libertador del pueblo de Dios, Israel. Cuarenta años antes, Moisés intentó hacer lo mismo, pero por su propio esfuerzo. Esta vez, salió con la vara de Dios en su mano:

Ya en Madián el Señor le había dicho a Moisés: Vuelve a Egipto, que ya han muerto todos los que querían matarte. Así que Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los montó en un asno y volvió a Egipto. En la mano llevaba la vara de Dios. El Señor le había advertido a Moisés: Cuando vuelvas a Egipto, no dejes de hacer ante el faraón todos los prodigios que te he dado el poder de realizar. Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que no deje ir al pueblo. (Éxodo 4:19-21 NVI)

Esta vez, Moisés no solo tenía la visión de su destino, sino tuvo los poderes sobrenaturales necesarios para lograrla. En las negociaciones con Faraón, esta “vara de Dios” era usada repetidas veces para hacer milagros. Se volvió serpiente, se usó para convertir las aguas en sangre y el polvo en piojos y trajo las plagas de ranas, langostas, truenos, y granizo.

Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y ellos estaban perseguidos por un ejército implacable, Moisés extendió esa misma vara de Dios sobre el Mar Rojo y este se separó dejando pasar la gente y ahogando a sus perseguidores. Durante el tiempo que vagaban por el desierto, Moisés usó la vara para que brotara agua de una roca para una multitud sedienta y la levantó sobre una feroz batalla para asegurarle la victoria a Israel.

Cuando joven, Moisés tuvo una clara idea de su destino—iba a liberar al pueblo de Dios de la esclavitud. De lo que no se daba cuenta fue que él solo, no podía. Cuarenta años después, cuando Moisés se acercó a su destino con la vara de Dios en sus manos, tuvo éxito. Moisés tardó cuarenta años en el desierto para llegar a este punto. ¿Cuánto tiempo te tardarás?

Antes de que Jesús regresara al Cielo, Él dijo a Sus discípulos que se quedaran en Jerusalén hasta que recibieran el poder de lo alto—la vara espiritual de Dios, por así decirlo. En el segundo capítulo de Hechos, el Espíritu Santo bautizó a estos hombres, y de ese momento ellos abrazaron sus destinos con poder y autoridad. Curaron a los enfermos. Resucitaron a los muertos. Estaban firmes cuando hacían frente a la adversidad.

Pedro, que una vez no quiso reconocer a Cristo ante una sirvienta, se paró frente a una multitud y dio el sermón que dio como resultado la conversión de miles de personas.

No intentes lograr tu destino sin “la vara de Dios”—el poder del Espíritu Santo. Tienes que tener más que una visión de destino. Tienes que tener la autoridad de Dios Todopoderoso que te da el poder para cumplirlo.

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