[CE-Peru] Justicia de Dios.

Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuchesí ¿Hasta cuándo clamaré a causa de la violencia sin que vengas a librarnosí ¿Por qué me haces ver tanta angustia y maldad? Estoy rodeado de violencia y destrucción; por todas partes hay pleitos y luchas. No se aplica la ley, se pisotea el derecho, el malo persigue al bueno y se tuerce la justicia [Habacuc 1,2 – 4].
 
Ante un mundo cargado de injusticias, de muerte de inocentes, de guerras con aires de falsos mesianismos liberadores, o de venganzas inmisericordes donde se va incluso más allá de la ley del talión, de millones que se mueren de hambre por sistemas económicos injustos, tal vez haya más preguntas que respuestas de muchos que reclaman a Dios su silencio.
 
Señor, ¿acaso no existes tú eternamente, mi Dios santo e inmortal? Señor y protector mío. Tú eres demasiado puro para consentir el mal, para contemplar con agrado la iniquidad; ¿cómo pues, contemplas callado a los criminales, y guardas silencio mientras el malvado destruye a los que son mejores que él? ¿Por qué tratas a los hombres como a peces del mar, como a animales sin gobierno? [Habacuc 1,12 – 14].
 
El profeta Habacuc ora con el corazón herido por todos estos males y espera una respuesta de Dios. A quienes somos personas de fe, fe transformante, fe que nos identifica con Cristo, fe que nos lleva a hacer nuestra la misma Misión de Cristo; a quienes oramos y entramos en una relación personal con el Señor, Él quiere convertirnos en un signo de su amor liberador para la humanidad entera. No nos quiere asesinos, ni nos quiere indiferentes ante el dolor y la pobreza de nuestros hermanos, no quiere que aplastemos a nuestro prójimo ni lo compremos por un par de sandalias para levantarnos sobre nuestro orgullo y vanidad. Mientras no tengamos esa fe será imposible darle un nuevo rumbo a nuestra historia desde nuestras simples elucubraciones personales o desde los puros criterios humanos. Tener fe no es sólo creer que sucederán las cosas que decimos; creer es dejarnos transformar en Cristo para que nuestras palabras sean capaces de mover cualquier obstáculo, cualquier montaña que nos impida alcanzar la Vida eterna.

Estaré atento y vigilante, como lo está el centinela en su puesto, para oír qué me dice el Señor y qué respuesta da a mis quejas [Habacuc 2,1].
 
No seamos un signo del enemigo opresor e injusto. Seamos un signo del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo, su Hijo y Señor nuestro. Sabiéndonos y sintiéndonos amados por Él hemos de contar sus maravillas al mundo entero.

El Señor me contestó: Escribe en tablas de barro lo que te voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido. Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse. Tú espera, aunque parezca tardar, pues llegará en el momento preciso. Escribe que los malvados son orgullosos, pero los justos vivirán por su fidelidad a Dios. Los hombres orgullosos desean el poder; lo buscan sin descanso y siempre quieren más, aun cuando el poder es traicionero. Abren su boca como el sepulcro; son insaciables como la muerte, y por eso se lanzan a conquistar nación tras nación. Pero todas las naciones conquistadas se burlarán del que las conquistó, cantándole: ¡Ay de ti, que te haces rico con lo que no te pertenece! ¿Hasta cuándo seguirás amontonando las riquezas que tomaste prestadasí [Habacuc 2,2 – 6].
 
El Señor nos dice en el Evangelio: Ve a los tuyos y cuéntales lo misericordioso que ha sido el Señor para contigo. Y ese contar a los demás el amor que Dios nos ha tenido no podemos limitarlo a un hablar de las maravillas de Dios, sino que nosotros mismos hemos de convertirnos en refugio para el oprimido, en voz para los desvalidos, en socorro para los pobres, en misericordia y perdón para los pecadores. Sólo a partir de Cristo la humanidad ha de conocer el amor de Dios y la cercanía de Aquel que jamás nos ha abandonado, y que siempre sale al encuentro del que sufre para remediar sus males; cercanía del amor misericordioso del Señor hacia la humanidad entera. En el fondo de nuestra conciencia, cuando oramos y contemplamos el amor que Dios nos ha manifestado en su propio Hijo, hemos de escuchar este requerimiento del Señor: Anda y haz tú lo mismo.
 
En Cristo volvemos a aceptar el compromiso de darle un nuevo rumbo a nuestra historia; recibimos la misma vida de Dios y su Espíritu para que vayamos y trabajemos por el Reino de Dios, iniciándolo ya desde ahora entre nosotros. Los que formamos la Iglesia de Cristo que peregrina por este mundo hacia la Casa del Padre debemos conservar la fe que impulsa nuestra esperanza para que alcancemos nuestra plena realización en el amor que procede de Dios. Sabemos que hay mucha resistencia al bien; aún nosotros mismos podremos ser ocasión de mofa para los demás, que nos consideran unos ilusos soñadores. ¿Perderemos por eso la fe? ¿Dejaremos de luchar por el bien de los demásí ¿Dejaremos que los diversos obstáculos que encontremos en la vida nos aplasten y nos dejen al margen del camino? No levantemos la vista al cielo esperando que el Señor venga a suplirnos en aquello que nos toca a nosotros realizar buscando un mundo más justo, más humano y más fraterno. El Señor ha infundido su Espíritu en nosotros para que vayamos y trabajemos hasta que su Reino de amor, de verdad y de justicia irrumpa con toda su fuerza salvadora entre nosotros.

No nos acobardemos ni claudiquemos en este compromiso que Dios nos ha confiado; más bien con la mirada puesta en Aquel que nos ha precedido con su cruz lancémonos con mucha fe sin detenernos hasta lograr que Dios sea todo en todos.
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Que el Padre Dios te bendiga y te proteja, te mire con agrado y te muestre su bondad. Que el Padre Dios te mire con amor y te conceda la paz.

Protejamos nuestra Biodiversidad y el Medio Ambiente [Génesis 2,15]
Juan Alberto Llaguno Betancourt
Lima – Perú – SurAmérica


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Sobre Pastor Carlos Vargas Valdez

Es esposo de la mejor mujer, padre de 2 hijos maravillosos, pastor de jóvenes y director de Desafío Joven. En los últimos 12 años ha trabajado con jóvenes, padres y líderes juveniles. Estudio en Rhema Bible Training Center. Su servicio con la palabra de Dios se ha extendido por más de 27 países en 13 idiomas. Es director ejecutivo y consultor de varios ministerios cristianos, desarrollando conferencias, cursos bíblicos, libros, estudios, devocionales, vídeos y recursos para la vida espiritual.

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