EL ALMA EN LA BIBLIA

Preguntémonos primeramente, ¿qué es el ser humano? Según la Biblia el ser humano se compone de tres partes: espíritu, alma y cuerpo.

Primero, el cuerpo es la parte física de nuestro ser. Tiene que ver con nuestro medio ambiente, con el mundo físico, el mundo terrenal.

Segundo, el espíritu es la parte del ser humano capaz de relacionarse con Dios, y tiene que ver con los asuntos espirituales del ser humano.

Tercero, el alma. La Biblia dice que cuando Dios creó al hombre en el jardín del Edén, lo hizo un alma viviente. Es decir, le dio personalidad. El alma es la parte del ser que nos relaciona con otros.

Somos conscientes de nosotros mismos a través del alma. Yo sé que yo soy yo. ¿Cómo lo sé? Porque soy un alma viviente, y me reconozco a mí mismo.

Según los mejores conocedores de la psicología bíblica, el alma también se compone de tres partes: el intelecto, las emociones y la voluntad.

El alma es nuestra dimensión psíquica. El alma y el espíritu, según la Biblia, son eternos.

“¿Qué aprovechará al hombre si se gana todo el mundo pero pierde su alma?” dijo Jesús en San Lucas capítulo 9. El alma se puede perder en el infierno, eternamente separada de Dios.

O sea, si usted o yo nos muriéramos sin tener a Cristo como Salvador, el alma y el espíritu se separan del cuerpo aquí en la tierra y la persona se separa para siempre de Dios.

Eso es el infierno; una eterna separación de Dios. Pero si usted o yo tenemos a Cristo como Salvador personal, cuando llega el momento de la muerte, o sea de la separación de nuestro espíritu y alma del cuerpo, vamos a la presencia de Dios. La Biblia lo llama el cielo.

Entonces, el alma es nuestra personalidad, el intelecto que nos ayuda a pensar, las emociones, que nos dan sentimientos de alegría, tristeza, felicidad, odio, etc.; y la voluntad, la capacidad de hacer decisiones. Cuando una persona se reconoce …

… fracasada y desea que Dios le perdone sus fracasos y pecados, debe tomar una decisión. Esa decisión la hace con su voluntad, con el alma. La persona es quien tiene que decidir, “Voy a recibir a Cristo como Salvador o voy a rechazarlo”.

Los que reciben a Cristo como Salvador, salvan su alma. ¿Usted ha recibido a Cristo como Salvador, o aún está esperando?

Luis Palau

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