El Reino ya está aquí.

¡Señor, tu palabra es eterna; afirmada está en el cielo! Tu fidelidad permanece para siempre; t? afirmaste la tierra y quedó en pie. Todas las cosas siguen firmes conforme a tus decretos, porque todas ellas están a tu servicio (Salmo 119,89 – 91).
Los fariseos esperaban un Reino de Dios en la tierra, un reino pol?tico que pondr?a fin a la dominaci?n romana con gran poder y signos extraordinarios.  Si Jesís era de verdad el Mesías, ¿cu?ndo iba a empezar este reino?  Hac?a falta organizarse; diseñar planes para tomar el poder; reunir tal vez un ej?rcito. Pero la respuesta de Jesís (Lucas 17,20 – 25) dejar?a perplejos a aquellos hombres: El Reino de Dios no viene con espect?culo, estaba ya en medio de ellos. Jesís advierte que no se trata de un reino de ej?rcitos, de emperadores, de palacios, etc. sino que es algo mucho más sutil, menos notorio. Es un gobierno sobre los corazones, cuya ley es la caridad y Cristo es el soberano. Días antes de su muerte lloraba ante Jerusal?n con estas palabras: ¡Si conocieras también t? en este día lo que te lleva a la paz!; sin embargo, ahora está oculto a tus ojos (Lucas 19,42).
Por eso me gu?o por tus preceptos y odio toda conducta falsa. Tus mandatos son maravillosos; por eso los obedezco. La explicaci?n de tus palabras ilumina, instruye a la gente sencilla (Salmo 119,128 – 130).
El Reino de los cielos es ya una realidad. El Reino de Dios está entre nosotros porque Jesís ya ha venido a la tierra y nos ha dejado su presencia (Mateo 26,26 – 28; Marcos 14,22 – 24; Lucas 22,19 – 20). El cielo está ya entre nosotros. Sin embargo es una realidad que sÉlo es visible y puede ser vivida en la medida en que entramos en la esfera divina mediante la gracia que produce el Espíritu Santo. Cuando nos alimentamos con el Espíritu por medio de la oraci?n y la meditaci?n diaria de la Palabra se abre delante de nosotros el horizonte del Reino, en donde el amor, la aleg r?a y la paz son una verdadera realidad. Es necesario que el Reino llegue al corazón de cada hombre. SÉlo entonces podremos decir que ya ha llegado en toda su plenitud.
Mira con buenos ojos a este siervo tuyo, y ensíñame tus leyes; quiero vivir para alabarte; que tu justicia me ayude (Salmo 119,135.175).

Dejar que Jesís reine en nuestra alma significa abrirle las puertas para que Él haga lo que quiera con nosotros. Y El sÉlo entra y se queda a vivir si encuentra un alma limpia, sin pecado. Un alma en pecado es un lugar inhabitable para Dios. Por eso decimos que hay que vivir en continua lucha con nuestro peor enemigo, que es el pecado, porque sÉlo Él nos aleja de Dios, la meta de nuestra vida. ¡Que diferente ser?a el mundo si todos los hombres viviesen en gracia, en amistad con Dios! ¡Qu? diferentes ser?an las cosas si todos los pa?ses adoptaran el mandamiento de la caridad universal como ley suprema! Entonces sí podr?amos decir que el Rei no de los cielos ha llegado a la tierra. Empecemos por nuestro corazón y por nuestra casa.
Señor, en mi peregrinar por la tierra ll?vame por tus sendas, consuÉlame, instr?yeme y rean?mame. Por tu luz y poder en haz que pueda seguir tus caminos hasta el día que me lleves a tu Reino

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Que el Padre Dios te bendiga y te proteja, te mire con agrado y te muestre su bondad. Que el Padre Dios te mire con amor y te conceda la paz.
Juan Alberto Llaguno Betancourt
Lima – Per?

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