LA TENTACIÓN

Cuando oímos la palabra tentación, por lo general pensamos en la tentación sexual. Pero la tentación es un tema que abarca muchas cosas.

La tentación tiene que ver con las obras de la carne y con frecuencia está relacionada con el egoísmo y la ambición propia.

Los chismes, el enojo o ceder a sentimientos de inferioridad nos llevan por el camino de la tentación. Todo lo que nos aleja de Dios –vicios, deseos, sentimientos– es prueba de la mano de obra del tentador. Todos somos vulnerables, pero eso no quiere decir que tenemos que ceder a la tentación.

Los creyentes tenemos al Espíritu Santo morando en nuestras vidas. Su poder es mucho mayor que cualquier ataque que venga de Satanás. Por eso, siempre podemos decir no a toda tentación.

La tentación es una oportunidad para la obediencia, y la obediencia siempre nos trae bendiciones. Ore y pida al Señor que le enseñe a ser sensible al Espíritu Santo de Dios cuando sienta que está siendo acosado por el enemigo.

Por otro lado, debemos reconocer que hay un proceso de aprendizaje en la obediencia a Dios. Todo fracaso espiritual debe ser considerado una experiencia de aprendizaje para fortalecer nuestra fe.
Seleccionado

Señor, dame el dominio propio para decir no a los deseos de mi carne que diariamente luchan dentro de mi y contra las asechanzas de Satanás. En el nombre de Jesús. Amén y Amén.

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