Al que no tiene mata la envidia (Job)

La gente mundana quiere juergas y festines, el valimiento, ser y figurar en las cosas del mundo, con las envidias rencores, y riñas que esto lleva aparejados. Los ricos hacen ostentación de su riqueza, y al cabo solo pueden dormir en una cama y comer manjares que, al que no tiene y no los puede probar, le trae sin cuidado. El hambre es el mejor aperitivo, porque cuando no hay opilación de alimento, es cuando están más apetitosos los manjares. No come mejor el rico con sus manjares delicados, que el pobre que se come su buen potaje con buen apetito, y en vez de champán bebe otra bebida cualquiera a su alcance.

Muchos de los aparentes deseos por parte de la mayoría, de un mundo mejor para todos, lleva como condición de que sea mejor en primer lugar para ellos.

El tormento de la envidia es general, y por eso se elaboran las más estrambóticas teorías sociales, cuando no hay ninguna válida para proporcionar al hombre bienestar, como la presencia del Espíritu de Dios. El Espíritu es el que da Vida. Sin Él es la muerte espiritual y la infelicidad.

La inanidad de unas gentes, o el fatalismo de otras, no arregla nada porque son posturas forzadas, que no dan felicidad ni satisfacción.

Solo la actitud consciente de aceptación de uno mismo y de todo, como voluntad de Dios que sabe lo que hace con el universo de su creación, es lo único que da valor a la persona humana y motivación para superarse.




Devocionales Cristianos www.devocionalescristianos.org