El Señor está cerca.Por nada estéis afanosos,sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego,con acción de gracias.Y la paz de Dios,que sobrepasa todo entendimiento,guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.Filipenses 4:5-7.


Visita a una inválida (1 de 2)

Una sonrisa espontánea acoge al visitante. Henriette se halla acostada en la cama con su cuerpo paralizado desde hace cuarenta años debido a un reumatismo deformador: -No debe compadecerse de mí; yo no me quejo. Dios está cerca. Su voluntad es buena, su presencia me colma. Esto es lo que mi enfermedad me ha enseñado; sin ella no lo sabría. Hace años que no pido más por mi curación; no se puede poseerlo todo, y yo recibí la fe. Un cuerpo inmóvil duele menos que una fe muerta…

Con ella es imposible tener una conversación trivial. El hablar de la enfermedad, de sus causas y efectos no tiene cabida. ¡La enferma se interesa tan poco por ello como por sí misma! -Yo no soy nada, absolutamente nada. ¡No me ponga como ejemplo! Dios lo es todo y no se debe decir nada de mí que no sea para su gloria.

Ella ora durante horas enteras no por sí misma, sino por su marido quien cuida de todo, cocina, limpia la casa, le brinda los cuidados necesarios y multiplica sus atenciones llenas de ternura. También intercede por centenares de personas que ella pone en las manos de Dios. «¡Hay tantos desgraciados!», dice ella. Lo único que pide para sí es tener paciencia y aceptar su prueba sin quejarse.

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