Desde el suelo todo se ve sombrío,

Una descendente escala de grises,

Pensamientos desprovistos de color,

Tintes que hace tiempo han caducado.

 

¡Abajo! Escuela del sufrimiento.

 

Desde el piso todo se percibe distinto,

Voluntad vencida del polvo,

Arrastre soñoliento de las ilusiones,

Posibilidades maniatadas por el tiempo.

 

Desde abajo todo se siente molesto,

Como si los pasos retumbaran en el oído,

Como si las palabras cayeran al precipicio,

Como si lo temporal se fundiera en lo eterno.

 

¡Abajo! Camino seguro (aunque solitario…). 

 

Desde esta posición duelen los minutos,

Las gotas se hunden en el lodo,

Los anhelos se pierden en la niebla,

Y las realidades parecen espejismos.

 

Condición natural, circunstancia pasajera.

Sea como fuere, ¡cómo amedrentan los gigantes!

¿Por qué? ¿Cuál será el motivo?

¡Dolorosa experiencia del “ser” humano!

 

¡Abajo! Concepción de nuevos comienzos…

 

Es así como empiezo a acariciar mi suelo,

Este piso, este “abajo”, esta posición de quebranto.

Porque es aquí donde descubro la esencia,

El lugar en el que empiezo a percibir la trascendencia.

 

Y entonces me alcanzan las palabras del monte:

“Dichosos los que sufren, porque serán consolados”.*

Es cuando me conmueve la expresión del salmo:

“Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”.**

 

¡Abajo! ¡Alas que sanan para poder remontar más alto!

 

¡Buen Fin de Semana!

 

 

CRISTIAN FRANCO

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