La Historia del Cántico “Noche de Paz”

Todo comenzó una tarde de Nochebuena en Austria. José Mohr había pasado horas escribiendo en el pequeño despacho de su iglesia desde que el organista le había avisado que el órgano se encontraba fuera de servicio.

Por fin llevó el papel al músico, Franz Grüber, quien exclamó, ¡Pastor Mohr, son las palabras perfectas! En poco tiempo Grüber les agregó una sencilla melodía y juntos pudieron entregar su regalo “Navidad” a la pequeña congregación; cantando el nuevo villancico acompañados con la guitarra de Grüber.

Los años pasaron con la partitura guardada en el asiento del órgano, hasta que un día lo descubrió un técnico que afinaba el órgano de Oberndorf. Él quedó encantado con el villancico y lo llevó a otros pueblos. Por fin el emperador Federico Wilhelm IV lo escuchó, y tanto se entusiasmó que ordenó que se cantara en todas las iglesias del imperio ese año. Desde entonces, no ha sido necesario ningún edicto para que “Noche de Paz ” sea cantado en el mundo entero.

I

Noche de paz, noche de amor.
Todo duerme en derredor.
Entre los astros que esparcen su luz,
bella anunciando al niñito Jesús,
brilla la estrella de paz,
brilla la estrella de paz.

II
Noche de paz, noche de amor.
Oye humilde, fiel pastor:
coros celestes proclaman salud,
gracias y glorias en gran plenitud,
por nuestro buen Redentor,
por nuestro buen Redentor.

III
Noche de paz, noche de amor.
Ved qué bello resplandor
luce en el rostro del niño Jesús,
en el pesebre, del mundo la luz;
astro de eterno fulgor,
astro de eterno fulgor.

1 COMENTARIO

  1. Me parece que a muchos de nosotros este villancico nos trae hermosos recuerdos pues posiblemente lo habremos cantando alguna vez o escuchado cantar hasta de los propios labios de nuestros hijos. No importa cuantas veces uno lo haya escuchado, la sensación siempre es especial en nuestro ser pues trata de nuestra estrella de paz que brilla en nuestro corazón: JESÚS.

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