La Biblia IluminadaComo Hacer la voluntad de Dios

“EL HACER TU VOLUNTAD, DIOS MÍO, ME HA AGRADADO…” (Salmo 40:8)

Muchas veces cuando iniciamos algo, soñamos con cambiar el mundo; y tan alto pensamiento nos intimida. Por ello, tenemos que comenzar con algo pequeño. No intentes ayudar a todos, ¡ayuda a alguien! Al hacerlo, con el tiempo te darás cuenta de que estás viviendo según la máxima de San Francisco de Asís: “Empieza haciendo lo necesario, luego haz lo posible; y un día te encontrarás haciendo lo imposible.” Aunque nunca llegues a lograr cosas grandiosas, te sentirás contento de hacer las cosas bien. Ningún acto bondadoso es demasiado pequeño.

Alguien escribió: “Cuando me propuse dar importancia a los demás, me di cuenta de que yo mismo me sentí más realizado. Ahora lo entiendo; no vamos a recibir nada si no damos y no vamos a dar nada si no recibimos.” Si tu propósito vital no contempla bendecir a otros, no merece la pena vivir. El presidente Woodrow Wilson afirmaba: “No estás aquí solamente para vivir; estás aquí para hacer que el mundo viva mejor, con una visión mayor, con un espíritu lleno de esperanza y de logros. Tu propósito en esta vida es enriquecer al mundo; y te empobrecerás si te olvidas de esa misión.” Existe un proverbio en el Oriente Medio que dice: “Cuando naciste, lloraste y el mundo se alegró. Vive de tal forma que cuando mueras el mundo llore y tú te alegres.” Y eso es precisamente lo que sucederá si vives de acuerdo a esta verdad bíblica: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado…” (Salmo 40:8).