Los Juanes en la Biblia

“Cuando los dos discípulos le oyeron decir esto, siguieron a Jesús.” Juan 1:37 (NVI)

¡Me encanta el nombre Juan!, por eso se lo pusimos a nuestro hijo. Cuando lo encuentro en algún escrito me llama la atención. Mientras leía esta porción, mi mente comparó la actitud de dos Juanes.

Uno es Juan el bautista, de quien comenta el texto. Estaba en la plenitud de su ministerio público, convocaba a miles de judíos al arrepentimiento. Los fariseos lo interrogaron y respetaron su respuesta y tarea. Tenía el reconocimiento popular. Era un líder con palabra poderosa. Y cuando llega Jesucristo, lo señala como el Cordero de Dios.

En ese momento, sucede lo que describe el texto. Juan tenía dos discípulos especiales. Apenas escucharon que Jesucristo era el Mesías, dejaron a Juan y siguieron a Jesús. No se dice más del tema, pero podemos imaginar la escena. Los discípulos se despiden de Juan y siguen a Jesucristo. Juan mira como se aleja. Tal vez no dijo nada, tal vez no hizo nada. Pero se habrá sentido solo. Lo habían abandonado.

Cuando la fama desaparece y los minutos de gloria se acaban queda un vacío muy grande en el alma. Por eso me fascina analizar la historia de Juan el bautista. Dejó que sus discípulos siguieran a Jesucristo porque había trabajado para eso. Y no le importó perder prestigio.

El otro Juan es el apóstol. Relatan los evangelios que cuando el grupo estuvo consolidado y los doce fueron nombrados, siguieron a Jesucristo a todos lados. Eso les daba prestigio y respeto. Y cuando escucharon que unos que no seguían a Cristo expulsaban demonios en Su Nombre, este apóstol se los prohibió. ¿Cómo iban a hacer eso? Eran competencia y no podía permitir que sucediera.

¿Por qué uno de los Juanes supo menguar y el otro sufría por el ministerio de unos desconocidosí Simplemente porque uno sabía donde estaba parado, para que había sido llamado y quien era el que debía recibir la gloria por la tarea cumplida. El bautista era consciente de esto y no le importaba que pasara, quería que Cristo fuera engrandecido.

El apostol en ese momento era más egoísta, pensaba más en su prestigio, ministerio y fama que en la Obra de Dios. Por eso su actitud fue tan discriminatoria y censurada por el Hijo de Dios.

Actitudes distintas, modos distintos. Grados de espiritualidad distintos.

REFLEXIÓN – ¿Cómo es el tuyo?

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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