La Oración Cristiana. Quinta parte

“…NO SABEMOS ORAR COMO DEBIÉRAMOS…” (Romanos 8:26 LBLA)

La oración funciona como el servicio de emergencia (112 en España). Lo único que tienes que hacer es marcar el número, e instantáneamente te conectas con una operadora donde alguien que sabe mantener la calma en situaciones de emergencia te responde y te pone en contacto con el servicio requerido sin demora. Tal vez no seas capaz de explicar el problema. Quizás un ser querido acaba de sufrir un infarto y estás tan alterado que lo único que haces es gritar al teléfono. No importa; la operadora no necesita todos tus datos. Sabe de dónde llamas y ya te ha enviado la ayuda pertinente. En los momentos de desesperación, hacemos oraciones de emergencia. Nos sentimos abrumados y no sabemos qué decir.

Dios nos oye. Conoce nuestro nombre y nuestra situación, y Su asistencia, junto con el remedio oportuno, ya viene de camino. “De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Pero el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:26-28).

Refiriéndose a la oración, John Bunyan dijo: “Cuando se trata de orar, es mejor tener un corazón sin palabras, que palabras sin corazón.”