No discutas, sino alaba a Dios

“…ELLA SE ENDEREZÓ AL MOMENTO Y GLORIFICABA A DIOS” (Lucas 13:13)

Cierto día Jesús sanó en la sinagoga a una mujer que llevaba 18 años encorvada. Dos cosas sucedieron:

Primero, ella se regocijó sobremanera, como haría cualquiera que fuera sanado después de 18 años de enfermedad.

Segundo, algunas personas de la sinagoga condenaron a Jesús por haberla curado el día de reposo.

¡Imagina la escena! Mientras ella está glorificando a Dios en un lado, en el otro algunos están debatiendo aspectos doctrinales. ¿Qué hizo la mujer? ¡Siguió adorando a Dios! No se detuvo a explicar lo que había pasado, ni intentó convencer a los que la criticaban, porque sabía que éstos eran de ideas fijas y no iban a cambiar. Tú tampoco tienes que defenderte, porque el Señor es tu defensor. Además, cuando has pasado una prueba difícil, no debes detenerte a considerar las actitudes y el estado de ánimo de los que te rodean. Si lo haces, te pondrás a la defensiva y eso te hará vulnerable al enemigo. Lo que hizo esta mujer fue protegerse con un escudo de alabanza, y lo mismo tienes que hacer tú.

No entres en discusiones. Si decides no defenderte, estás abriendo la puerta para que Dios lo haga en tu lugar. Esta mujer edificó un muro de protección alrededor de sí misma. Podría haberse desanimado, o albergado sentimientos negativos, pero no lo hizo. ¿Te imaginas lo que habría pasado si hubiera dejado de regocijarse y hubiera empezado a debatir doctrina? Todo podría haber acabado en un serio altercado. Pero ella escogió seguir alabando a Dios – ¡eso mismo tienes que hacer tú!