mirando-a-Jesus-2“…AL VER EL FUERTE VIENTO… COMENZÓ A HUNDIRSE…” (Mateo 14:30)

¡Puesto los ojos en Jesús el autor y consumador de nuestra fe!

¿Te has dado cuenta alguna vez cómo los personajes de los dibujos animados tienen la capacidad asombrosa de saltar los acantilados sin caerse? Mientras se mueven con fuerza, sus piernas pueden correr igual en el aire que en la tierra. Pero tan pronto empiezan a mirar a las circunstancias, les entra el pánico y empiezan a desplomarse. Lo que les detiene no es el saltar del acantilado ¡sino el mirar hacia abajo!

Mientras Pedro se fijaba en el Salvador, no tuvo problema, pero cuando se centró en la tormenta, el miedo le arrastró. La fe le mantenía a flote, el miedo lo hundió. ¡Y a ti también te hundirá!

Cuando Moisés envió a doce exploradores a la Tierra Prometida para ver como era el enemigo, diez volvieron diciendo: “Son como gigantes; ¡es mejor que les dejemos y nos volvamos (Ver Números 13:33)!”. Pero los otros dos dijeron: “No hay problema; con la ayuda de Dios les podremos aniquilar” (Ver Números 14:9b). Frente a circunstancias idénticas, unos se desaniman mientras que otros se fortalecen. ¿Entre quiénes te encuentras tú? David llevaba comida a sus hermanos en el ejército cuando oyó de Goliat, ¡un hombre tan grande que se hubiera clasificado para la Federación Mundial de Lucha Libre! Nadie era capaz de enfrentarlo. Pero David anunció: “…del Señor es la batalla…” (1 Samuel 17:47b), y luego se dispuso a derribarlo con una honda y una piedra.

Cuando dejas de mirar a Jesús, eres como un trabajador del acero encima de una viga estrecha a ciento cincuenta metros del suelo. De repente te entra el pánico y sueltas la barra. Dios no te ha llamado para que caigas, te ha dado la capacidad de estar firme, si sólo mantienes tu mirada fijada en Jesús.

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