AQUELLOS QUE NO QUIEREN COMPROMETERSE
 
    Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. (Mateo 27:16)
 
   
Este preso famoso llamado Barrabás estuvo tan cerca de Jesús que muy bien pudo haber rozado su cuerpo con el suyo, pero paradógicamente, tan separado como la distancia que media entre cielo y tierra; es en el decir de Juan R. Seipech, “el hombre que asiste al espectáculo de la redención y no se redime, ve la luz y permanece ciego, conoce a Dios pero no cree en Él, vive, sufre, trabaja, lucha y muere con los cristianos y sin embargo, condena su alma a la más terrible tinieblas”
    Son muchos los que en este mundo, como Barrabás, están físicamente muy cerca de Jesucristo pero alejados a una distancia espiritual inconmensurable. Ahí están todos aquellos que conocen pero que no se comprometen, contemplan de lejos todo el quehacer cristiano, el mundo no se ha de salvar con este tipo de seres que sólo sirven para contemplar.
 
    Telemaco fue un monje del siglo IV, que vivía en una ciudad de Asia Menor, un día, en la hora de sus devociones, escuchó el llamado de Dios para que fuera a Roma, donde le esperaba una gran encomienda. El día de su llegada, la ciudad estaba alborotada, se presentaría un gran espectáculo en el Coliseo, en el cual los hombres se enfrentarían a las fieras y los gladiadores lucharían hasta la muerte, a esa hora, entre los 80 mil espectadores estaba Telemaco, escuchó las palabras de rigor con que los luchadores saludaban al Emperador: -César, los que van a morir te saludan-, al iniciarse la primera lucha Telemaco no pudo contenerse; saltó la baranda, cayó en la arena, se interpuso entre 2 hombres y les dijo: – En el nombre de Jesucristo, deteneos-, primero lo miraron con indulgencia, luego uno de ellos le dio un golpe con el plano de su espada que lo dejó atontado. Siguió la lucha y él volvió a repetir las mismas palabras, a los gritos de la multitud para que lo mataran, uno los gladiadores le traspasó el pecho con su espada. La sangre corrió por la arena, un profundo silencio reinó en el Coliseo, luego de los balcones traseros, se levantó un hombre y desfiló, le siguieron otros hasta quedar sólo el Emperador y su comitiva, que al fin también salieron. Esta fue la última vez que Roma presenció la lucha de los gladiadores.
 
    El valor y la decisión de Telemaco lo logró. Cristianos que no se complazcan con ser espectadores, sino que se comprometan es lo que Cristo quiere.
 
    Oración: Señor, dame el valor de confesarte delante de los hombres aun cuando en ello mi vida corra peligro, que me comprometa sin importarme el costo, que para hacerlo no espere cosas espectaculares, sino las pequeñas del diario vivir. En el nombre de Cristo, amén.
 
    Pensamiento: Nosotros tenemos un compromiso irrevocable con Jesucristo.
  
Devocional Del Reverendo Miguel Limardo: “Luces Encendidas” 

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