No hay diferencia, por cuanto todos pecaron,y están destituidos de la gloria de Dios (pero son),justificados gratuitamente por su gracia,mediante la redención que es en Cristo Jesús. Romanos 3:23-24.


Culpable dejadez  – el Devocional Diario 

 

El hombre moderno tiene la costumbre de cerrar los ojos ante todo lo que sabe que es reprensible, mientras no corra el riesgo de perjudicarse. Esta mentalidad le permite hacer casi todo lo que quiere. Muchos padres renuncian castigar a sus hijos, y algunos maestros ya no corrigen a sus alumnos.

Hay quienes aprecian la actitud de tolerar el mal y considerarlo con extrema indulgencia como manifestación de una loable amplitud de miras. Quizás esperan que Dios tenga la misma benevolencia con ellos. Pero se equivocan, porque Dios no se mostraría fiel a sí mismo si no castigara el mal.

Entonces, ¿cómo puede conciliar su absoluta justicia con su voluntad de perdonar al culpable, condición de todos los hombres por naturaleza? Lo hará porque halló un sustituto, alguien que tomó nuestro lugar y soportó el castigo que nosotros merecíamos. Dios mismo dio ese sustituto: su propio Hijo.

Así Dios no tomó a la ligera nuestros pecados, los cuales fueron imputados a (o cargados sobre) su Amado, a Jesús, como si él los hubiese cometido. Él, el único justo, soportó el juicio en nuestro lugar. Desde entonces la justicia de Dios está satisfecha y da, a quienes creen en ese Salvador, una paz perfecta.

En la cruz mirad clavado
A Jesús el Salvador;
Ved qué prueba nos ha dado
De su celestial amor.