La Santa Cena – Un Entrañable Recuerdo

(Jesús) tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo:Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa. Lucas 22:19-20.

El Señor Jesús instituyó la Cena con estas palabras: “Haced esto en memoria de mí”. Así, al partir el pan, él desea que recordemos que murió. Sin embargo, sabemos que no permaneció en la tumba, sino que resucitó y ahora está en un lugar de honor junto al Padre en la gloria. Cuando Dios lo disponga, el Señor Jesús aparecerá ante el mundo entero como Hijo del Hombre con toda su gloria. Debemos pensar en ello y regocijarnos, pero la Cena del Señor nos habla ante todo de su muerte, nos recuerda a un Salvador que murió.

Entonces, cuando respondemos así a su deseo, podemos reflexionar en quién es esa Persona que murió en el Gólgota: es el Hijo de Dios que “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20); pero también es el Hijo del amor del Padre, quien no lo escatimó. Por nosotros, otrora pecadores perdidos e indignos, Dios no podía dar menos que a su Hijo unigénito.

Y cuando rememoramos la vida de Jesús consagrada y agradable a Dios, debemos decir: El único ser humano santo y perfecto que haya vivido, tuvo que morir en la cruz; fue condenado a muerte por los hombres, a pesar de ser inocente. ¿Cómo entender esto? La respuesta es clara: sólo un hombre puro y sin pecado podía llegar a ser nuestro sustituto en el juicio de Dios. Ningún otro sacrificio habría sido suficiente para Dios, y hubiéramos tenido que morir debido a nuestros pecados.

¡Qué agradecidos tenemos que estar!

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