Devocional Cristiano – Jacob y Bet-el

“Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado.” Génesis 35:2-3 (RVR)

Los hijos de Jacob habían asesinado a todos los varones de un pueblo, porque el hijo del rey de esa ciudad había abusado sexualmente de su hermana Dina. En tiempos sin justicia ni letrados, la venganza era moneda corriente. Jacob sabía que le tocaba a él ahora recibir el golpe nuevamente. Y estaba preocupado. Una nueva crisis amenazaba su vida y su familia.

Bet-el era el lugar donde Dios se la había aparecido en un sueño y Jacob vio la escalera que subía al Trono de Dios. Allí Dios le había confirmado que continuaría la línea de Abraham y de Isaac en la creación de su pueblo escogido. Allí Dios le prometió que iba a ser su Dios. Y cuando Jacob no tenía nada (solo lo que llevaba puesto), Dios le prometió prosperidad, bendición y grandeza.

Habían pasado más de veinte años, y Jacob estaba turbado, demasiados problemas, demasiados enemigos, demasiadas incertidumbres; y no sabía qué hacer. En medio de sus dudas y temores Dios le habló y le propuso que vuelva a Bet-el. Y entonces se acordó. Había pasado mucho tiempo, y casi se había olvidado. Pero la promesa seguía vigente.

Así que este hombre tan mentiroso, hizo lo que tenía que hacer. Le ordenó a su familia que se limpie interna y externamente. Hizo eliminar todos los ídolos que habían acumulado, hizo que se sinceraran con Dios y que se cambiaran la ropa. Y subió de nuevo a Bet-el para encontrase con Dios. No podía ir de cualquier manera, Jacob sabía las exigencias de Dios para mantener la comunión. Así que se preparó y volvió al lugar de inicio.

¡Betel es un lugar donde podemos ir en nuestro tiempo de angustia! La lección para el patriarca es la misma que para nosotros hoy: Cuando Jacob estaba en peligro o dificultad, cuando las cosas se vislumbraban sin esperanza, ¡él sabía a dónde ir y qué hacer! Dios le estaba diciendo: Sabes dónde te hablaré, dónde oirás mi voz. ¡Vuelve a Betel! Ve al altar donde te conocí. ¡Póstrate delante de mí y limpia tu casa de toda idolatría!

REFLEXIÓN – Limpiate y volvé a Bet-el

Un gran abrazo y bendiciones

Dany