¿Fe o fantasía? Segunda parte

“… HABLAN VISIÓN DE SU PROPIO CORAZÓN, NO DE LA BOCA DEL SEÑOR” (Jeremías 23:16)

Jesús dijo: “Pedid, y se os dará…” (Mateo 7:7). Pero esa promesa está supeditada a la siguiente condición: lo que pides debe ser conforme a la voluntad de Dios (1 Juan 5:14). Cuando firmas un contrato, no puedes ignorar la letra pequeña. De la misma manera, si eres alguien con un ideal, no puedes pasar por alto la realidad.

Si lo haces, te podrás dar de bruces. Cuando Dios te da un sueño, te proveerá de todo lo necesario para que se cumpla. Cuanto menos realista sea tu sueño, más procurarás depender de cosas que no puedes controlar (como la suerte). Debes sopesar la audacia de tu sueño con la realidad de tu situación. Es verdad que tienes que ir más allá de tus capacidades, pero al mismo tiempo tus acciones deberán tener como fundamento tus talentos, tus habilidades y otros factores que estén a tu alcance.

Cuanto más preocupado estés por las cosas que no puedes controlar, menos harás por mejorar aquellas que sí puedes. Y al hacerlo, empezarás a vivir en un mundo de fantasía. Cuando Dios te da un sueño, normalmente éste se ajusta a tus capacidades. Catherine B. Hales reflexionaba: “Cuando estamos en la veintena, nos pasamos la vida descubriendo todo lo que podemos llegar a ser. Pero al madurar a la treintena, nos damos cuenta de todo lo que nunca llegaremos ser. El reto es llegar a los cuarenta –y más- armonizando las dos cosas, es decir, sabiendo cuáles son nuestras capacidades y también reconociendo nuestras limitaciones, a fin de que podamos ser nosotros mismos, en toda plenitud.”