Señor, enséñame a orar. Parte 2

“…[JESÚS] PASÓ LA NOCHE ORANDO A DIOS” (Lucas 6:12)

Uno de los peligros de estar involucrado en la obra de Dios es que puedes pasar semanas, o hasta meses, sin orar. En un sondeo hecho a mil pastores, la mitad de ellos reconoció que a menudo pasaba largos periodos de tiempo sin sacar tiempo para orar. No tenían una vida personal de oración, más allá de los compromisos de la iglesia. Curiosamente, estos hombres habían predicado sermones acerca del tema, sin embargo no lo practicaban. ¿Eres tú uno de ellosí Jesús se levantaba antes del amanecer y pasaba horas en oración; y también pasó noches orando. Y eso se notaba; el éxito incomparable de su ministerio fue consecuencia directa de la relación estrecha que mantenía con el Padre. Todas las mañanas invertía tiempo en oración para poder extraer los recursos necesarios a lo largo del día.

Escribe un comentarista bíblico: “He pasado de tener que hacer esfuerzos sobrehumanos para orar cinco minutos de vez en cuando a disfrutar el comienzo del día en oración -e incluso necesitarlo y anhelarlo. Luego lo hago durante la jornada, a medida que se presentan los distintos acontecimientos, para acabar el día en comunicación con el Señor antes de dormirme. He pasado de una vida de oración esporádica e irregular a dedicar momentos específicos a orar; soy disciplinado, pero sin ser legalista. Mientras que antes pensaba que estaba cumpliendo una obligación con el Señor cuando oraba, ahora me doy cuenta de que no puedo sobrevivir ni un día satisfactoriamente… si no oro. Ahora entiendo que la oración es un gran privilegio, no una obligación. Ya no acudo a Dios en temor, dudando si de verdad me va a oír y va a enviar una respuesta a mis plegarias. Ahora me acerco a Él con valentía, como me indica Su Palabra, y con grandes expectativas”.