Hagámonos como niños según la Biblia

Ayer observaba a un pequeño niño de tres años que mientras otros niños mayores que él se entretenían jugando con pelotas, patines y bicicletas, el se mantenía ocupado jugando con el lodo y lanzando pequeñas piedras a un charco.

Se notaba realmente emocionado con lo que hacía, estaba sonriente, era evidente su felicidad, parecía no tener preocupación alguna, solo disfrutaba de ese momento y de lo que hacía, ¿quién necesita juguetes a esa edad? Mientras haya lodo, piedras, alguna caja de cartón o fragmentos de madera, una hoja y un desgastado lápiz, o algo similar, será suficiente para encontrar alguna actividad divertida.

La inocencia y la capacidad de asombro de los niños, además del enfoque hacia la utilidad de las cosas en lugar de su valor monetario, conforme van pasando las generaciones y en especial en los lugares urbanizados desaparece cada vez a más corta edad, podríamos decir que este niño de tres años está cerca de cruzar ese umbral en el que de pronto le empezaran a importar los juguetes caros o bien los juguetes tecnológicos.

De hecho ayer mismo otro niño de cuatro años me dijo que si le regalaba una tableta electrónica, y a esa edad ya empieza el despertar en que se dan cuenta de muchas cosas que ocurren a su alrededor, si su padre o madre no está con ellos pronto notaran su ausencia, si no hay recursos económicos suficientes para comer entonces empezaran a preocuparse.

El Señor Jesús dijo:

Mateo 18:3 “y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Y es como ese niño que despreocupadamente jugaba con las piedras y el lodo que debemos hacernos, como ese que no ha perdido su inocencia y solo vive sin pensar en lo que ha de ocurrir en el siguiente segundo, como ese que aun no tiene malicia y aunque la maldad de pronto lo visite por causa de lo que pueda ocurrir con sus padres o a su alrededor no le toma aprecio y continúa.

Es a esa edad cuando aunque nos lastimen en cuestión de minutos estamos abrazando y besando, es a esa edad cuando el perdón se da de manera natural y el amor brota desmesuradamente ante la más mínima provocación.

Es en ese tiempo en que nuestra credulidad está a flor de piel y por tanto no cuestionamos nada, solo nos dejamos llevar por una fe que sobrepasa todo entendimiento.

Hagámonos pues como niños y de esa manera entraremos al reino de los cielos, hagámonos así y la paz prevalecerá en nuestra vida y los afanes quedarán a un lado.

Dios les bendiga.