La voluntad de Dios, ¿cómo conocerla?

Muchas veces hay los que quieren entender mejor cómo puede conocerse la voluntad de Dios. A los tales se les puede contestar:

Primero
Su dirección es solamente para los que se han entregado para hacer lo que Él escoja. A estos se les puede decir: Dios puede hablar suficientemente recio para que oiga el alma dispuesta a oír.

Segundo
La dirección se conforma siempre a las Escrituras. Podemos acudir siempre a su Palabra en espíritu de oración a fin de buscar su voluntad; pero es peligroso usar la Biblia como si fuera una lotería mágica o ruleta de la suerte. No aprendemos el significado de un pasaje por medio de echar suertes.
Tampoco descubrimos la voluntad de Dios al abrir la Biblia y aceptar el sentimiento del primer versículo que por casualidad leemos. No es cuestión de suerte, ni nuestra relación a su Palabra es tan superficial que esperemos hallar su plan para nuestra vida al leer ciegamente un versículo que nos aparezca por casualidad.

Nos conviene estudiar y conocer las Escrituras para que nos instruya cada palabra de su testimonio.

Tercero
Dios no guía a sus hijos por medio de reglas. Dos de sus hijos no serán dirigidos del mismo modo, y es muy probable que ninguno de sus hijos será guiado dos veces exactamente de la misma manera. Por lo tanto, las reglas pueden ser engañosas. La espiritualidad verdadera consiste en una vida libre de la ley que experimenta el poder del Espíritu para llevar a cabo todo individualmente, hasta el detalle más pequeño.

Cuarto
La dirección divina es por medio del Espíritu que mora en el cristiano. Por lo tanto, se deduce que la dirección verdadera, en esta dispensación, se efectuará por medio de un conocimiento interior antes que por señales exteriores. Después de llenar fielmente los requisitos para la vida espiritual, tenemos la mente del Espíritu, capaz para convencernos de lo malo e impartirnos una convicción clara de lo bueno.

En vista de nuestra singular relación con el Espíritu ahora, no es necesario ni sabio depender mucho de vellones de lana o de una columna de nube; aunque a veces puede dirigirnos por medio de circunstancias externas. Es Dios quien obra en vosotros así el querer corno el obrar a causa de su buena voluntad. Debemos aprender la realidad de que el Espíritu mora en nosotros y lo que significa andar en Él.

Ser guiado por el Espíritu es ser movido por las relaciones más delicadas que el corazón pueda conocer. No somos guiados por el bocado del freno, sino por el ojo (Salmos 32:8-9). En este punto, Satanás, como ángel de luz, estará listo para confundirnos, nos presentará una imitación de la dirección de Dios.

Conviene que cada cristiano esté avisado de este peligro. Satanás se vale de una conciencia mórbida, de una impresión errónea del deber, o de la falta de entendimiento en cuanto a la enseñanza exacta de la Palabra, para engañar y dirigir erradamente la vida del creyente.
Pero las direcciónes de Satanás han de ser descubiertas, porque son fastidiosas, dolorosas y desagradables. En cambio, la dirección del Espíritu es dulce y satisface el corazón del que se rinde a Dios. Tenemos que recordar que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2) y cuando andamos con Él, obra en nosotros así el querer como el obrar a causa de su buena voluntad (Filipenses 2:13). Es aquel que obra en nosotros lo que sea acepto delante de él (Hebreos 13:21).

Del lado divino, la entrega de la voluntad humana se ve como una necesidad imperativa. El Padre no puede tolerar la rebelión dentro de su familia, ni puede llevar a cabo sus designios benditos a favor de su hijo, a menos que su juicio se acepte como el mejor.

Hay una distinción digna de notarse entre el castigo por motivos de corrección, que puede repetirse varias veces, y el azote que cada hijo debe recibir (Hebreos 12:6). Aquél tiene por su fin la corrección cada vez que se necesite; pero este trata de la conquista de una vez para siempre de la voluntad humana.

Cuando se vence así nuestra voluntad, no implica que se debilita en nuestra relación para con los hombres. La voluntad se ha rendido a Dios. Dicho rendimiento puede ser una experiencia muy sencilla, pero muchos han sufrido años de azote por no someterse a la buena voluntad de Dios, relación normal para todo cristiano. No puede considerarse cada aflicción como azote de Dios. Cuando se trata de un azote, tendremos conciencia de nuestra rebeldía en no rendirnos a Dios. No debe haber ninguna incertidumbre con respecto a esto.

La entrega a la mente y voluntad de Dios es un acto definido que abre la puerta al camino divinamente designado, en donde podemos andar en íntima comunión y servicio con Cristo. Si el hijo de Dios no tiene conciencia de que está sujeto a la voluntad de Dios, según su entendimiento de sí mismo, no puede considerarse estar en ese camino de Dios. No vine a hacer mi propia voluntad, sino la de aquel que me envió, fue el modelo de rendimiento revelado por Cristo

En el Salmo 40:6 se dice que Cristo dijo a su Padre: Has abierto mis oídos. Sin duda, es una referencia a la ley del esclavo que se entregó a su amo por toda la vida después de haber sido libertado (Éxodo 21:5-6). Y él murió por todos, para que los que viven, no vivan ya para sí mismos, sino para aquel que por ellos murió, y volvió a resucitar (2 Corintios 5:15).

¿Qué es una vida de sacrificio?
El motivo más noble que nos impulsa a rendirnos a la voluntad de Dios no es el mero deseo de ganar la victoria en la vida, o el poder o la bendición, sino el deseo de vivir una vida de sacrificio, que es la vida de Cristo. Sacrificio no quiere decir dolor; es sencillamente hacer la voluntad de otro. Puede haber dolor en este camino, pero la nota dominante es gozo, y la bendición del corazón es paz.

Entonces, el deber de cada hijo de Dios es rendirse a la voluntad de Dios. Dicha rendición no concierne a un solo problema en la vida diaria, sino a una actitud permanente hacia Dios. Sin esta actitud de entregarse a Dios, no puede haber verdadera espiritualidad, ni puede uno escapar de la mano de Dios que azota a todo el que recibe por hijo; porque Él no puede permitir que su hijo viva continuamente sin las bendiciones inestimables que su amor anhela darle, y no lo permitirá.

La rebelión de Satanás en la gloria prístina se encuentra en Isaías 14:13-14, en donde habló cinco veces de lo que quería hacer independientemente de Dios, y cada vida no rendida a Dios perpetúa el crimen de Satanás. Para ser espiritual no podemos decirle no a Dios. No apaguéis al Espíritu.

 

Tomado del libro: El hombre espiritual de Lewis Sperry Chafer, Editorial Portavoz.