La vejez en la Biblia - ancianos bastonLa Vejez y la Biblia – Los Años Dorados. Parte 3

“HASTA VUESTRA VEJEZ…YO… OS LLEVARÉ…” (Isaías 46:4)

Envejecer con gracia debería ser una de tus metas en la vida. No debe asustarte hacerte mayor, ni tratar de disfrazar el desasosiego que eso te produce y querer ocultar tu ansiedad. Se dice que una señora fue a comprar un sombrero. Cuando se probó uno, su amiga le dijo: ‘Ese sombrero te hace diez años más joven.’ La primera se lo quitó inmediatamente y lo devolvió a la estantería diciendo: ‘No lo quiero. Odio la idea de parecer diez años mayor cada vez que me lo quito.’ Tal vez la “Madre Naturaleza” y el “Padre Tiempo” te hayan traído dolores de espalda, calvicie y gafas bifocales, pero no tienes por qué vivir ni pensar como un viejo. En lugar de intentar añadir años a tu vida, intenta añadir vida a tus años. En lugar de lamentar el hecho de que te estás haciendo mayor, piensa cómo te lamentarías si se te hubiera negado ese privilegio.

Cuando le preguntaron al antiguo presidente de los EE.UU., Dwight D. Eisenhower, cómo se sentía al cumplir ochenta años, éste respondió: ‘¡Pues es mucho mejor que la alternativa!’ Si todavía estás vivo, Dios te ha preservado la vida por un motivo. Descubre cuál es y luego dedica todos los días y todas las energías que te quedan en ello. Se puede ser “viejo” a los veinticinco y “joven” a los ochenta y cinco. Sólo eres mayor cuando te sientes así, o cuando piensas que ya no tienes nada más que aprender, o te dices: ‘Soy demasiado viejo para eso’; o no esperas nada del día de mañana; o no te interesas en lo que hacen los jóvenes; o prefieres hablar que escuchar; o te aferras al pasado, convencido de que fue mucho mejor que el presente.