La verdad de la Verdad. Segunda parte

“TÚ AMAS LA VERDAD EN LO ÍNTIMO…” (Salmo 51:6)

Si somos sinceros con nosotros mismos, tenemos que admitir que a veces la verdad es incómoda y que parece no ayudarnos en lo que hacemos. Queremos que nuestros jefes nos aprecien, así que los adulamos. Queremos que nuestros amigos nos admiren, así que exageramos. Queremos que la gente nos respete, así que vivimos en casas que no podemos permitirnos e incurrimos facturas que no podemos pagar. Ananías y Safira vendieron una tierra y dieron una parte del dinero de la venta a la iglesia. Pero mintieron, diciendo que la cantidad que habían dado era el costo total de la venta (Hechos 5). Su pecado no fue quedarse con parte del dinero, sino tratar de engañar. Y su trama los llevó a la muerte.

Quizás digas: ‘Me alegro de que Dios ya no “mate” a nadie hoy en día por mentir.’ No estés tan seguro. Mentir encamina a la muerte en muchas áreas:

1) El matrimonio. La falsedad es como termitas en el tronco del árbol familiar.

2) La conciencia. Lo trágico de la segunda mentira es que es más fácil de decir que la primera.

3) La carrera. Pregúntaselo a alguien que haya sido despedido por malversación de fondos.

4) La fe. ¿Cómo puede usarte Dios si no dices la verdad? En los equipos de fútbol americano se asigna a un jugador para que presente la estrategia de juego de parte del entrenador al corrillo de jugadores. ¿Qué pasa si este jugador no dice la verdad y da instrucciones equivocadasí Muy pronto el entrenador dejará de confiar en él. Dios dice que si eres honrado –fiel- en lo poco, te pondrá en lo mucho (Mateo 25:21). ¿Puede Dios confiar en ti?

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