nueva-vida-en-Cristo
La Vida En Cristo: Efesios 2:1-22

Piensa en la mejor persona que conoces. Tal vez lo han logrado financieramente, llevan una carrera poderosa, dan generosamente, tienen una familia sólida o siempre son amables con cualquiera con quien se cruzan en el camino.

Ahora piensa en la peor persona que conoces. Tal vez sea su vecino, quien intimida a sus hijos o quien dificulta la vida en paz. Tal vez es uno de tus padres, que te abandonó, abusó de ti o te descuidó. Tal vez pensaste en un viejo supervisor que parecía tenerlo todo en contra tuya, en un viejo amigo que traicionó tu confianza, o en tu cónyuge que no quiere lidiar con su adicción.

Si esa buena persona no conoce a Jesús, ¿significa que no irá al cielo? Y si esa mala persona cree en Jesús, ¿significa que irá al cielo?

La verdad es que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. En algún momento, todos hemos seguido nuestra naturaleza pecaminosa y desobedecido a Dios, lo que significa que ninguna persona puede presentarse ante Dios y decir: “Soy lo suficientemente bueno”. He vivido una vida perfecta y sin pecado. Me merezco el cielo.”

Por eso no se trata de si somos una buena persona o no; no importa en cuántas organizaciones benéficas hayamos invertido, qué tan amables seamos con los demás, o qué tan religiosos seamos al leer la Biblia, todavía no es suficiente. Ya hemos hecho el daño, porque todos seguimos pecando. Y aunque comparado con otras personas alguien puede ser considerado bueno, comparado con Dios ninguno de nosotros lo es.

La parte hermosa, esperanzadora y redentora en todo esto es que Dios, que es tan rico en misericordia y que nos ama tanto, sacrificó a su Hijo en nuestro lugar y nos dio vida cuando resucitó a Cristo de entre los muertos. Ahora, cualquiera que cree en Él es salvo para siempre y es recibido en el cielo – no por lo que somos, no por nada de lo que hemos hecho, y ciertamente no porque lo merezcamos, sino por lo que Jesús es y lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Oh, alabado sea Aquel que pagó nuestra deuda y levantó nuestras vidas de entre los muertos.

Reflexiona:

En vez de ver a las personas como buenas o malas, ¿cómo puedes cambiar tu perspectiva para verlas como la creación de Dios, Su obra?

Comprométase a memorizar Efesios 2:8: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Efesios 2:1-22

Salvos Por Gracia

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo(por gracia sois salvos),

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;no por obras, para que nadie se gloríe.

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Reconciliación por medio de la cruz

11 Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Un Templo para el Señor

19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.