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Dios Prometió Un Reino Eterno a David, a Cristo y a Ti

Dios Prometió Un Reino Eterno a David, a Cristo y a Ti

Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre. . . Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo (2 Samuel 7:16, 2 Samuel 7:28).

Estas primeras palabras son una promesa de Dios al rey David. Garantizan un reino eterno para la descendencia de David. En las últimas palabras de David vemos su respuesta a las promesas de Dios para su vida. Así que estas palabras son un indicador de como nosotros debemos responder a las promesas de Dios.

Nada de lo que el hombre edifica puede permanecer en pie para siempre, los reinos aparecen y desaparecen. Pero solo el reino que Dios levanta para su pueblo es para siempre. Este reino se levanta para el hombre por las promesas de Dios. Dentro del propósito de Dios fue establecido que David fuera una pieza clave. «Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre. Tu trono será estable para siempre».

Dios estableció que fuera por medio de David que el Mesías llegaría al mundo. Este Rey celestial tomaría el trono de David a través de un reino que no acabaría. «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto» (Isaías 9:6-7).

Es interesante notar que el evangelio comienza con el ángel anunciando a María como sería su concepción, pero, en ese momento se repiten las mismas promesas: «Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lucas 1:31-33).

Según el libro de Apocalipsis estas promesas se cumplirán eternamente algún día. «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 11:15).

En pocas palabras, este reino eterno es el que Jesús prometió cuando anduvo sobre este planeta tierra. Mira lo que dice el libro de Mateo: «Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo 4:17). A todos los que respondan con fe como lo hizo David diciendo: «tus palabras son verdad» tendrán un lugar en ese magnífico reino eterno prometido.

Amado Dios, yo creo con todo mi corazón que tus palabras son verdad como lo dijo David un día. Me arrepiento de mis pecados y me vuelco a ti Jesús como mi único Rey y suficiente Salvador. Te glorifico Padre bueno, por darme acceso al reino eterno de Jesucristo mi Señor, Amén.

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