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¿Por qué No debes Tener Una Actitud Arrogante? | ¿Cómo Dejar De Ser Arrogante y Prepotente: ¿Qué Dice La Biblia?

¿Cómo Dejar De Ser Arrogante y Prepotente: ¿Qué Dice La Biblia?

“Que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener” (Romanos 12:3).

Pablo escribe: “que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” (vv. 3-6).

Pablo nos está enseñando este importante principio: “¡No tengan una actitud de soberbia o arrogancia!” Si eres un arrogante, debes lidiar con la verdad de que cada ventaja o favor que disfrutas es un regalo de Dios (1 Corintios 4:7).

Cualquier cosa que Dios te haya dado o permitido que logres, nunca debe usarse para la exaltación personal. Aunque creas que lograste cada uno de ellas por tu cuenta, lee estas palabras y tómalas en serio:

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:3-9).

Cuidado con una actitud de contienda, vanagloria o arrogancia

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10).

Cada vez que piensas menos de alguien porque no pertenece de tu raza, denominación, género o grupo social, estás mostrando una actitud de arrogancia. La arrogancia y la soberbia tiene sus raíces en el orgullo y “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).

Aquí hay dos tremendos ejemplos en la Biblia sobre la actitud de arrogancia “no son uno de nosotros”:

(1) Cuando Dios derramó Su Espíritu sobre los setenta ancianos que dirigían a Israel, todos profetizaron. Dos de ellos no estaban presentes cuando sucedió. «Entonces respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos» (Números 11:28-29). Joshua creía que solo un grupo selecto estaba calificado.

(2) “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Marcos 9:38-40).

Si eres de los que excluyes a otros o te crees más que ellos en cualquier área de la vida, lee estas palabras de Pablo:

“Pero por LA GRACIA DE DIOS soy lo que soy; y su GRACIA no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino LA GRACIA DE DIOS conmigo” (1 Corintios 15:10).

Cuidado con una actitud de orgullo, soberbia y superioridad

“Humillaos… para que… él os exalte” (1 Pedro 5:6).

¿Alguna vez has menospreciado a alguien porque no compartió o no tenía las ventajas que disfrutas en la vida? ¿Te sientes superior a los demás en alguna área de tu vida? ¿Crees que por ser parte de una iglesia X te coloca en una posición especial?

Tal vez tu físico deportista te han hecho sentir superior a la gente con sobrepeso. ¿Y si eres reconocido en tu comunidad? ¿Piensas que siempre debe ser escoltado a las primeras filas en las reuniones públicas? Si es así, es hora de someter esa mala actitud al Espíritu Santo. Pero cuando se trata de arrogancia, existe la otra cara de la moneda. Es posible etiquetar a una persona o a un grupo como elitista simplemente porque ellos disfrutan de una ventaja particular que encuentras intimidante y alienante debido a tus propias dudas o para tratar de mejorar su imagen a los ojos de los demás. Los políticos hacen esto. Un candidato puede acusar a su oponente de arrogancia y orgullo simplemente por el dinero que la familia tiene, un diploma de una universidad, un alto perfil o amigos influyentes. Como resultado, ese oponente acusa al otro de acercarse a los trabajadores y ser falso en todo su modo de actuar.

Al final de todo, no es lo que haces, sino lo que crees, lo que establece si tienes una actitud arrogante. La verdad es que es fácil detectar el orgullo y arrogancia en los otros y difícil verlo en uno mismo. Por eso el apóstol Pedro escribe: «Humillaos, pues, bajo la PODEROSA mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6).

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