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Navidad: ¡La Gloria de Jesús!

La Gloria de Jesús En Esta Navidad

Hubo momentos en la vida de nuestro Salvador en los que Su gloria brilló temporalmente a través del velo de su carne:

Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:

!!Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (vv. 13-14). – Lucas 2:8-20

Sin duda alguna, tendemos a poner un gran énfasis en las humildes circunstancias del nacimiento de Jesús cuando contamos la historia de la Navidad cada año. Ciertamente esto es apropiado, ya que el Hijo de Dios se humilló profundamente cuando “se despojó a sí mismo tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres” (Filipenses 2:5-8).

Toda la vida de Cristo estuvo marcada por la humillación, al pasar de un pesebre en Belén hasta la vida como persona común en Nazaret y su vergonzosa muerte en la cruz. Sin embargo, esta humillación lo llevó finalmente a la gloria. Dios Padre, por haber sido fiel a su misión, exaltó a Jesús y “le dio un nombre que es sobre todo nombre” (vv. 9-11).

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La gloria de nuestro Salvador fue velada por su humanidad en la encarnación, y permaneció oculta durante gran parte de su ministerio. Aunque, hubo momentos en la vida de nuestro Salvador en que su gloria brilló temporalmente a través del velo. El mejor ejemplo de esto fue en la transfiguración, el momento en que a Pedro, Santiago y Juan se les concedió una visión de la gloria del Señor al brillar a través de la carne del Salvador (Mateo 17:1-13).

Además, esta gloria también brilló con fuerza en momentos en que la gente no la esperaba. En medio de las condiciones humildes del nacimiento de nuestro Señor (pobreza, no pudiendo encontrar refugio en Belén), hubo una manifestación especial de la gloria del Mesías a la gente que estaba cerca. El relato de esta manifestación se encuentra en el pasaje de hoy.

Mientras María y José cuidaban a su hijo, muchos pastores estaban cerca cuidando sus rebaños (Lucas 2:8). En aquellos días, los pastores ocupaban el último peldaño de la escalera de la sociedad, y el ciudadano medio de Judea no quería tener mucho que ver con estos pastores de ovejas.

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Nadie podía predecir que las primeras personas que oirían hablar de Jesús fuera de sus padres serían un mezclado grupo de pastores. Más aún, un ángel del Señor se les apareció a estos hombres, quienes pudieron ver el mayor espectáculo de luz y sonido de todos los tiempos (Lucas 2:8-9).

Es comprensible que los pastores tuvieran miedo (v.9), pero en este caso la gloria de la presencia del Señor, que de otra manera no podrían soportar, era algo bueno. Este fue el anuncio del Salvador, el que había venido a redimir incluso a los marginados de la sociedad. Así que, después de que los ángeles cantaran sus alabanzas al Señor, los pastores viajaron rápidamente a Belén para ver el maravilloso regalo que el Padre había dado a su pueblo (vv. 15-16).

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Los pastores estaban ansiosos de ver al Salvador del mundo, y nosotros deberíamos estar ansiosos de verlo también. Esto implica no solo recordarlo en nuestras conversiones, sino también buscar Su rostro cada día de nuestras vidas. Aunque no veremos la plenitud de su gloria hasta que lo veamos cara a cara en el cielo, no obstante llegaremos a una apreciación más completa de esta gloria mientras estudiamos su Palabra y oremos. Seamos diligentes en medio de tanta gracia.

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